El estado de la basura

Publicada originalmente por Juan Manuel Drangosch en la web del Partido Liberal Libertario

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La discusión respecto de la basura ha sido sobre si la maneja el Estado nacional o el Gobierno de la Ciudad. ¿Y sí no la maneja el Estado?

Basura. Es. Basura.

Uno de los temas candentes en la agenda del gobierno porteño es el problema de la basura. Históricamente ha sido el Estado el encargado de la recolección de residuos en las grandes ciudades, con lo cual nos pondremos a pensar un poco por fuera de la caja estatista, para encontrar soluciones de mercado a este problema.

Primero examinemos cómo funciona el sistema actual: el municipio hace una licitación, en donde una empresa (o varias, si dividimos la ciudad por zonas) es elegida y se hace cargo de la concesión del servicio. El dinero para pagarle a la empresa proviene del impuesto ABL, que está relacionado con el valor de la propiedad y no con la cantidad de basura producida por el inquilino.

 

  • Problema número 1: si existiese un ciudadano que no produce un sólo gramo de basura, también está pagando por el servicio.
  • Problema número 2: no hay un incentivo económico para generar menos desechos. El ciudadano que recicla, reutiliza o es más ecológico a la hora de elegir el packaging de los productos que consume, paga el mismo importe que el que produce basura indiscriminadamente.

Prosigamos. La basura acumulada por la empresa se dirige a una planta de procesamiento, donde es comprimida para ocupar menos espacio. A continuación se la envía a un basurero o relleno sanitario. Este terreno es propiedad del Estado, y su ubicación fue asignada arbitrariamente por los funcionarios de turno. El subsuelo bajo ese basurero también es de propiedad pública.

  • Problema número 3: los asentamientos cercanos a los basurales sufren las externalidades negativas[1] de los sectores de la sociedad que produjeron la basura.
  • Problema número 4: los ríos subterráneos o napas freáticas arrastran la contaminación, afectando el agua de los pozos cercanos e incluso los mares y ríos a mayores distancias.

Ahora analicemos cómo podría lidiar una sociedad libre con estas mismas situaciones. Para ello es necesario definir los derechos y responsabilidades de los ciudadanos. Por suerte esto es muy sencillo: alcanza con reconocer que somos dueños de nosotros mismos, del fruto de nuestro trabajo, y de los bienes y propiedades adquiridos con éste.

Uno puede comprar y acumular cosas que entren en su propiedad. Nadie le impide juntar basura en el patio (aunque ¿quién querría vivir así?). Sin embargo, el límite también lo pone el mismo derecho: no puedo tirar basura en el patio del vecino, porque eso sería una invasión a su propiedad, y por lo tanto una violación a sus derechos individuales.

Entonces, ¿qué hacemos con la basura? Por un lado, mucha gente quiere reciclar, y casi la totalidad de la población es consciente de que a mediano y largo plazo es el único camino posible, pero no empieza a hacerlo porque faltan incentivos y no están dadas las condiciones para que sea algo sencillo. Por el otro, existe una demanda de desechos recuperables (se manifiesta en la existencia del “oficio” de los cartoneros). La pregunta que hay que hacerse es: ¿qué pasaría si no fuese el Estado el que se hace cargo de la basura, y tuviesemos que pagar el costo real de disponer de nuestros residuos?

Una empresa privada con el mismo funcionamiento que el sistema estatal sería imposible, porque:

  • a – el precio sería mucho más elevado que el actual, ya que el terreno utilizado para verter los residuos perdería su valor económico en un tiempo muy corto, y sería mucho más rentable destinarlo a otras actividades.
  • b – la cantidad de juicios por contaminación/invasión de las propiedades aledañas haría quebrar a las empresas (recordemos que también el subsuelo y el agua que corre por debajo serían privados. Si el basural quema la basura en lugar de enterrarla, la invasión sería aérea y enfrenta los mismos problemas).

Por lo tanto, las empresas de recolección que surjan estarían obligadas, por el marco jurídico, a darle otro destino a los residuos. Podría haber empresas que:

  • a – cobren el precio real de disponer la basura mezclada, y cobren un precio con descuento si desde la casa o el consorcio se entrega la basura separada (supongamos en papel/cartón, vidrio, plástico, metal, residuos orgánicos, basura electrónica).
  • b – se lleven la basura gratis en caso de estar separada, porque el negocio lo harían vendiéndole esos residuos a las plantas de reutilización.
  • c – le compren la basura separada a los clientes, para reciclarla ellos mismos.

Estas son sólo algunas de las soluciones que podría dar el mercado. Las posibilidades son infinitas. El método de prueba y error es el que nos dirá qué sistema es el mejor, y la Ley de oferta y demanda es la que va a decir qué tan rentable es la basura, y si preferimos perder 10 minutos diarios en separarla o gastar una fortuna al mes para que otro se haga cargo. Y la sociedad misma, conociendo estos costos, sería la que premie y castigue a las empresas que tomen las decisiones correctas a nivel packaging y distribución.

Ejemplos exitosos de negocios de este tipo hay muchos. Uno de ellos es el caso de TerraCycle, donde el joven empresario Tom Szaky se hizo millonario fabricando un fertilizante 100% ecológico, hecho mediante lombrices que se alimentan de restos de comida (en un principio provenientes de las cafeterías y restaurantes cercanos a la Universidad de Princeton, ahora a nivel global).

Como liberales libertarios creemos que el rol del Estado es abrir el juego a la creatividad y la capacidad emprendedora de los ciudadanos. Un plan de acción que podría tomarse es:

Suspensión del funcionamiento de los basureros en un plazo de, por ejemplo, 5 años.
Exención impositiva total a las pequeñas, medianas y grandes empresas del rubro recolección/procesamiento de residuos.
No podremos saber el resultado, pero tendremos la certeza de que no vamos, como ahora, a estar obligados al fracaso.

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[1]     Las externalidades son efectos indirectos de las actividades de consumo o producción, es decir, los efectos sobre agentes otros que el originador de tal actividad, y que no funcionan a través del sistema de precios.

La sociedad de consumo

En la cabeza de la mayoría de la gente está la idea de que el capitalismo es el responsable de haber creado una sociedad consumista. Esto no es cierto, por varios motivos. El primero, como ya dijimos en este artículo, es que no vivimos en un sistema capitalista. Estamos en un sistema corporativista. El capitalismo todo lo que dice es que los medios de producción deben estar en manos de individuos o sociedades privadas, que son libres para relacionarse entre sí sin coerción.

¿Qué es lo que hace, entonces, que las personas se vuelquen a la compra compulsiva de bienes materiales (muchas veces intrascendentes y/o innecesarios) como respuesta a la búsqueda de la felicidad?

 

1. La inflación: el sistema monetario actual, con bancos centrales, reserva fraccionaria, y billetes respaldados por aire, tiene a la inflación como componente inherente. El dinero se crea respaldado por deuda, con lo cual para pagar esa deuda + interés se debe imprimir más dinero ad infinitum. A mayor dinero en circulación, cae su poder adquisitivo (más información acá), con lo cual, estamos incentivados a gastar en vez de ahorrar, ya que mes a mes nuestro dinero vale menos. 

2. El monopolio estatal de la recolección de basura: como ya expuso un miembro del PL en este artículo, el sistema actual de recolección y disposición de residuos tiene totalmente desligadas las acciones de los usuarios de sus consecuencias: al estar financiado compulsivamente mediante impuestos parejos para todos,

no hay un incentivo económico para generar menos desechos. El ciudadano que recicla, reutiliza o es más ecológico a la hora de elegir el packaging de los productos que consume, paga el mismo importe que el que produce basura indiscriminadamente.”

Así, no estamos incentivados a comprar bienes que duren o que realmente nos sean de utilidad, ya que no pagamos el real costo de su disposición final si es que se rompe o simplemente ya no nos interesa.

3. El sistema educativo: la educación estatal (tanto de gestión pública como privada) que rige en la mayoría de los países tiene su origen en el sistema prusiano de mediados del siglo XIX, que tenía como objetivo producir trabajadores industriales y soldados. No es de sorprender, entonces, que seamos tan susceptibles a la publicidad: se nos enseña a no cuestionar a la autoridad, a aprender de memoria y por repetición, y a que el conocimiento se transmite desde arriba en vez de construirse desde el alumno. Bombardeo constante + falta de pensamiento crítico = vámonos de shopping. También se nos enseña que hay una sola respuesta correcta y nos acostumbran a usar uniforme, con lo cual queremos hacer lo que hace todo el mundo: los demás tienen cosas, nosotros tenemos que tenerlas.

4. Los impuestos: los impuestos a la vivienda, a las tierras o al patrimonio nos obligan a mantenernos en el loop trabajo-gasto, para que evitar que en el correr de unos pocos años el Estado nos secuestre y remate la propiedad para saldar nuestras deudas con el fisco. Una vida autosuficiente es imposible, ya que tenemos que producir un extra para alimentar al Leviatán.

(Para los interesados en la autosuficiencia, recomiendo esta película, que explora viviendas muy cómodas, tecnológicas y autosuficientes a nivel calefacción, agua, electricidad, y prácticamente comida).

 

Es de esperarse que, sin la coerción estatal, una sociedad libre tenga entre sus filas a consumidores más críticos, responsables, prudentes, y —sobre todo— felices.

 

(en boca de góndola)

Cabezas en oferta

Usuarios vs. Adictos

Hace algunas semanas recibimos una invitación para ir a un “debate acerca de la despenalización de las drogas”. Más allá de que fue un vil engaño, porque se trató de un monólogo acerca de las consecuencias del abuso de sustancias desde el punto de vista médico-psiquiátrico, lo que me llevé de positivo salió de las inquietudes que anotaba uno de mis compañeros pero que nunca pudo preguntar por no existir el tan publicitado debate.

 “Usuarios vs. Adictos”, había apuntado.

Hoy, leyendo el libro The Tipping Point de Malcolm Gladwell me crucé con unos números que pueden sorprender a cualquiera:

El approach absolutista para pelear contra las drogas se basa en la premisa de que experimentación equivale a adicción. No queremos que nuestros niños sean expuestos jamás a la heroína o la marihuana o la cocaína, porque pensamos que el atractivo de estas sustancias es tan fuerte que incluso la mínima exposición es todo lo que se necesita. Pero, ¿conocemos las estadísticas de experimentación con drogas ilegales? En la Household Survey on Drug Abuse de 1996, el 1,1% de los encuestados dijeron que habían usado heroína al menos una vez. Pero sólo el 18% de ese 1,1% la había usado en el último año, y solo el 9% la había usado en el último mes. Ese no es el perfil de una droga particularmente pegadiza. Las cifras para la cocaína son incluso más llamativas: de aquellos que alguna vez probaron la cocaína, menos del 1% —0,9%— son usuarios regulares. Lo que estas estadísticas nos dicen es que la experimentación y el abuso son dos cosas totalmente distintas. […]

De hecho, la cantidad total de gente que parece haber probado cocaína al menos una vez nos dice que la necesidad entre los adolescentes de intentar cosas peligrosas es casi universal. Es lo que los adolescentes hacen. Así es como aprenden acerca del mundo, y la mayoría de las veces—99,1% de los casos con cocaína— esa experimentación no conduce a que suceda nada malo. […] Lo que deberíamos hacer, en vez de luchar contra la experimentación, es asegurarnos de que ésta no tenga consecuencias serias.

Gladwell, Malcolm: “The Tipping Point”. Capítulo 7, sección 6.

Volvamos a afirmar los dos argumentos liberales acerca de las drogas y la prohibición:

  1. Argumento moral: cada uno es dueño de su propio cuerpo para hacer lo que quiera con él, siempre y cuando no agreda a terceros ni a su propiedad.

  2. Argumento utilitarista: la prohibición, además de fallar totalmente en la lucha contra la drogadicción, es la que genera las mafias del narcotráfico, trayendo violencia e inseguridad.

Con lo cual, podemos concluir que la llamada “Guerra contra las drogas” es inmoral, inefectiva, costosa, y hace más daño que bien. ¿No tiene más sentido que, en lugar de criminalizar el consumo y la producción, se destinen esos recursos a tratar al pequeño sector de los usuarios que no puede manejar su adicción?

Addict

En algunos casos, la línea divisoria es muy delgada.

Chocar la K-lesita

Es increíble cómo hicieron estos tipos para, con el mayor viento en popa de los últimos 60 años (el altísimo precio de la soja y otras commodities), armar semejante debacle económica en el país, y dividir a la sociedad en K y anti-K.

Epopeya a la hecatombe

Epopeya a la hecatombe

Empecemos por el principio: el Estado argentino tiene un problema crónico, y es que gasta más de lo que recauda. Esto se puede financiar-subsanar de 3 formas: aumentando los impuestos, endeudándose, o emitiendo moneda (con la inflación que esto conlleva).

Nestor Kirchner, en su mandato, optó por este último recurso. Cuando la inflación se empezó a descontrolar, recurrió a cuatro medidas: manipulación de las estadísticas del INDEC, precios máximos, subsidio a las tarifas de servicios y control del tipo de cambio desde el Banco Central. Todo para que la inflación “no se note”. ¿Qué consecuencias trajeron estas medidas?

Control del tipo de cambio: con la inflación y el dólar anclado, la industria nacional perdió competitividad con el exterior, al elevarse los sueldos, precios de materias primas y costos fijos locales.
Subsidios al consumo + precios máximos: ese es el resumen de la Política Energéti-K. Al estar la energía barata, no hay un incentivo para que la gente sea austera en su consumo. Al tener los precios de venta de la energía un tope por debajo del precio de mercado, no hay incentivos para que las empresas exploren en busca de nuevos yacimientos, o inviertan en mejor infraestructura. Consecuencia: aumento exponencial de la cantidad de dinero destinada a los subsidios. Una bomba de tiempo.

Ahora, para emparchar esta situación generada por ellos mismos, y tapar el agujero fiscal, primero intentaron aumentarle los impuestos al campo, sin éxito.
Luego confiscaron los fondos de las AFJP.
Posteriormente, para intentar acomodar el desajuste en la balanza comercial producida por este dólar subsidiado, decidieron poner controles en la aduana, empeorando aún más la situación de la industria nacional (porque, como sabemos, prácticamente todos los procesos requieren de algún insumo importado).
Después, al seguir siendo atractivo (ahora para los ahorristas) el dólar artificialmente barato, procedieron a imponer las restricciones a la compra de divisas, controles en la frontera y agencias de viaje, etc..
Luego confiscaron el 51% de YPF, para quedarse con sus activos.
Ahora no tienen para pagarle a las provincias los fondos que les corresponden. Scioli, cómplice de la gestión, decide nuevamente intentar aumentarle los impuestos al campo.

¿Corregir el problema desde su origen? Jamás. El Banco Central sigue imprimiendo pesos a lo loco (en 2011, la masa monetaria se expandió un 38% respecto del año anterior) y el gobierno sigue gastando más de lo que recauda.

Esta es, en resumidas cuentas, la gestión K (sin mencionar el capitalismo de amigos, la corrupción, el colapso de las instituciones republicanas, los desastres en la gestión de empresas públicas y semi-públicas, el deterioro del sistema educativo, etc.). El resto es solamente la retórica del relato, propaganda oficialista y medidas demagógicas para mantener a la población mirando para otro lado.

¿Por qué es tan cara la universidad en EEUU?

Últimamente, a raíz del caso de las protestas en Chile, se estuvo hablando mucho del tema educación privada vs. educación pública (por ejemplo acá). Esto me recordó una discusión que tuve hace unos meses con un amigo estatista, en la cual él me planteaba que en un país liberal como EEUU su esposa jamás habría podido pagarse los estudios universitarios, mientras que en Argentina el Estado se encargó de proveerlo y ella ascendió de clase media-baja a clase media lisa y llana, siendo ahora profesional de la docencia.
Primero tuve que explicarle que EEUU estaba a años luz de ser considerado un país liberal, y después le tiré un par de datos que había visto en un video genial de Peter Schiff. A saber:

Desde mediados del siglo XX (post Segunda Guerra Mundial), el gobierno de EEUU ofrece un plan de préstamos a los que quieren estudiar, en los cuales les garantiza que pone la plata para la matrícula todos los años (sin importar cuánto sea), y ellos contraen una deuda con el Estado, que comienzan a saldar una vez que tienen el título. Prácticamente el único requisito para que el préstamo sea otorgado es que la universidad haya aceptado al alumno por sus antecedentes académicos.

Los que tienen una mínima noción de economía ya saben la respuesta a ésta pregunta: ¿cuál es la consecuencia de un montón de estudiantes compitiendo entre sí, con plata del gobierno? Exacto. Los precios se elevan. Las universidades lo saben, entonces pueden cobrar lo que quieran, sabiendo que los préstamos están garantizados.

Echémosle un poco de historia a la cuestión, analizando los precios de la matrícula de la Universidad de Yale, una de las más prestigiosas y más antiguas (y por lo tanto con los registros más viejos).

De 1810 hasta 1852, la matrícula costaba 33 dólares al año. Esto, en precios actuales (teniendo en cuenta la relación dólar/onza de oro), es el equivalente a U$1650.

Avancemos hasta 1874. Tuvimos algo de inflación, y ahora la matrícula cuesta U$133. En los próximos 44 años sólo aumentará un 14%, para valer U$160 anuales en 1918. A precios actuales nos da una cifra muy similar a los U$1650. ¡Cuál era el sueldo promedio de un obrero en 1918? Alrededor de U$5 por jornada de trabajo; es decir que trabajando 32 días al año podías pagar la matrícula de todo el año. Lo habitual era que los estudiantes consiguieran un trabajo medio-pelo durante el verano para pagar sus estudios y se olvidaran del asunto.

¿Cuánto sale ahora estudiar en Yale? Unos U$36.500 por año (solamente la matrícula, sin contar alojamiento y comida).

Por U$36.500 anuales, prefiero ponerme un bar.

Si el gobierno no garantizara los préstamos a los estudiantes, nadie podría estudiar en la universidad con estos precios. ¿Qué banco le prestaría semejante cantidad de dinero a un estudiante que no tiene ni un sueldo fijo ni propiedades para dejar en garantía?

Nuevamente podemos ver las consecuencias de la intromisión del Estado en las relaciones voluntarias entre particulares: un pequeño grupo sale claramente beneficiado, y el que paga y se endeuda es el pueblo.

Como agregado, otro efecto colateral de esta medida: la “inflación” llega a los títulos universitarios. En los 60’s, con haber terminado el secundario podías conseguir un trabajo razonable. Con un título universitario conseguías un muy buen trabajo. Ahora, dado que todo el mundo tiene un título, donde antes pedían una licenciatura ahora piden un master, donde pedían un master piden un doctorado, etc.

¡Al pueblo lo que es del pueblo!

Hace unos días escuché unas declaraciones del señor Martín García, director de Télam (agencia de noticias del Estado argentino):

El susodicho, ante la revelación de que el 47% de la pauta oficial va a parar a las manos de los señores Spolzky y Gvirtz (productoras adictas a la actual administración), declara algo así: “Por supuesto que el gobierno va a darle más pauta a los medios amigos que a los enemigos. Los medios enemigos tienen la pauta privada que es mucha. La pauta oficial la ahorró el pueblo y es para proteger a este modelo nacional y popular. Que se jodan los otros”.

No conforme, unos días después vuelve a la carga, presentando la idea de crear el “Instituto de la Publicidad Democrática”, que funcionará de la siguiente manera: los anunciantes deberán pautar al instituto y éste distribuirá la pauta en forma igualitaria en todos los medios. Porque claro, los medios y programas que no miden, no están recibiendo pauta publicitaria de los grandes anunciantes.

Su razonamiento para esto fue implacable y demoledor: la plata para la publicidad sale de los precios de los productos que consume “el pueblo”, entonces es “el pueblo” el que está invirtiendo en la publicidad y tiene que obtener algo de eso.

Las verdades de Martín García

Las verdades de Martín García

La verdad, me pareció una idea brillante. Yo me cansé de esto del liberalismo y me voy a sumar a los pedidos de Martín. Listo, me cansé y me cansé y, como toda la vida consumí un montón de productos voy a pedir para “el pueblo”:

Que se cree el Instituto Nacional Democrático para el Envasamiento de Alimentos: Como el pueblo es el que consume los productos, todas las empresas deberían pagarle a este instituto para que se encargue de hacer que las empresas envasadoras que no son elegidas por las grandes empresas, también puedan ser capaces de envasar las arvejas Inca, el puré de tomate Arcor y las galletitas Sonrisas.

Que se cree el Instituto Democrático Para el Diseño de Packaging y Publicidad: hay diseñadores a los que no los contratan las grandes marcas para que los provean con nuevas ideas, porque no tienen talento. Y como todo “el pueblo” paga los productos de su bolsillo y de ahí se le paga a los diseñadores, se están robando el ahorro del pueblo. Y para este proceso nac and pop no hay nada más importante que que todos los diseñadores reciban parte de los ahorros del pueblo. Páguese todo el dinero al instituto que distribuirá las necesidades publicitarias entre todo diseñador argentino.

Que se cree el Instituto Democrático para la Participación e Inclusión en los Medios: como la pauta la paga el pueblo y esa pauta banca la emisión de los programas, en definitiva es el pueblo el que debe estar a cargo de los programas. Por lo tanto y a través de una Comisión Democrática de Selección y Rotación de Elenco, a partir del dia de la fecha, todo ciudadano deberá poder participar en los Medios. Notifíquese a todas las productoras que a partir de la fecha:

  • Los elencos  de las ficciones serán rotativos y cada personaje deberá ser interpretado cada día por un ciudadano distinto.
  • Los noticieros y programas de chimentos deberán cambiar cada día su staff y hablar más sobre la vida de los ciudadanos comunes.
  • Los medios gráficos deberán dar participación a toda la ciudadanía en la producción de diarios y revistas, incluyendo, claro está, los dibujos de la página de los chistes.
QNTP está practicando para hacer de Mariano Martinez y sus hermanos barbeta

QNTP está practicando para hacer de Mariano Martinez y sus hermanos barbeta

Que se cree el Instituto Nacional, Democrático y Social de Fútbol: como los clubes se mantienen con las entradas que paga “el pueblo” y con la publicidad que pagan los anunciantes que es, finalmente, del “pueblo”, todo ciudadano tendrá la libertad de participar en los partidos de primera división de los equipos que deseen. A partir de la fecha, los clubes deberán entregar democráticamente las fechas donde cada ciudadano podrá jugar en la posición que desee, desde técnico hasta delantero o alcanza pelotas.

Que se cree el Instituto Nacional y Democrático de Citas: es injusto que solo algunos hombres puedan salir con las mujeres lindas, ya que las mismas crecieron, se producen y visten gracias a los ya mencionados Institutos, por lo tanto, pertenecen a todo “el pueblo”. A partir de la fecha deberán registrarse en este Instituto y serán provistas con citas igualitariamente con todos los ciudadanos. Por supuesto que las actividades que realicen con unos, deberán realizarlas con todos, ya que si no, sería antidemocrático.

Democrátizando las citas, aumenta la felicidad

Democrátizando las citas, aumenta la felicidad

Espero la pronta aprobación del Congreso, la promulgación por nuestra señora Presidente y la publicación en el Boletín Oficial y, claro, en todos los medios de comunicación democráticos.

El peligro de la marihuana

El domingo se publicó en La Nación, un artículo sobre el uso de marihuana y otras y drogas entre la población local. Bastante objetivo, la mayor parte del artículo fue dedicado a las estadísticas:

Esa [Observatorio de Políticas Públicas en Adicciones] oficina del gobierno porteño realizó un sondeo entre 1000 personas de entre 15 y 35 años; para el 44% de los consultados, la marihuana es la droga del momento, incluso en los lugares de diversión nocturna.

“La moda se identifica por el costo y accesibilidad de las drogas; también, por su uso difundido y su alto nivel de aceptación social. Sorprendentemente, cuando se hace referencia al consumo de marihuana, se dice que es la droga de moda porque es legal”, se afirmó en el documento presentado por el observatorio porteño.

El artículo, afortunadamente, deja de lado cualquier tipo de alarmismo típico de este tipo de notas en la tribuna de doctrina, sin embargo en la población en general, y en los lectores del diario de Mitre en particular, suelen alarmarse por el peligro que está expuesto gran parte de la juventud, consumidora de drogas.

Y tienen razón, consumidores (sean adictos, habituales o sociales) están expuestos a severos peligros al consumir drogas, pero no por el consumo mismo, el peligro más grande al que hoy en día están expuestos los jóvenes son derivados de la prohibición. La clandestinidad del mercado de las drogas  genera que información a la que estamos habituados de obtener en los productos legales sea difícil de obtener y se este mas desprotegido frente a diversas situaciones, principalmente respecto de dos características:

1. Calidad. Los narcotraficantes carecen de una marca, de una estructura empresarial, o de una sucursal o un telefono al cual acudir ante alguna duda o inconveniente, esto genera un gran desincentivo a la hora de establecer una reputación o prestigio para con los clientes. Si Coca-Cola, Pepsi o Halls ofrecieran productos adulterados perderían millones de clientes e indefectiblemente quebrarían por la responsabilidad que tienen frente a los daños cometidos por su negligencia, en cambio, los productores y distribuidores de drogas no padecen de estos problemas y en consecuencia la sustancia es adulterada con otras sustancias mas baratas y nocivas que la que uno cree estar contando.

Casos: La gran mayoría de las muertes por consumo de éxtasis no se dan por la sustancia propiamente dicha (MDMA), sino por las adulteraciones, realizadas desde fábrica, con otras sustancias como DXM, o la falta de responsabilidad de los usuarios (deshidratación o sobrehidratación) o mezclas con otras drogas.

2. Dosis. Relacionado con el punto anterior, la inexistencia de un mercado libre no genera los incentivos adecuados para que se de una estandarización en la presentación de las diferentes sustancias para poder tener una noción acerca de la dosis que se está ingiriendo, de ahí a que el riesgo de sobredosis aumente exponencialmente con políticas prohibicionistas. El mercado ha encontrado las presentaciones adecuadas para cada producto, botellas de  1.5 L (y no de 3 como en otros países), aspirinas con el contenido especificado, pack de caramelos o chiles de 6 unidades, sin embargo en 1 gramo de cocaína, o una pastilla de éxtasis, nadie puede determinar su contenido o la potencia, porque, como decíamos antes, no existe incentivo (ni mecanismo) alguno para brindar mas información en el mercado negro.

Estos son dos de los muchos efectos negativos (comercialización de venenos, aumento de la inseguridad, establecimiento del crimen organizado, etc.)  que tiene la prohibición de las drogas. Los defensores de la prohibición podrán estar llenos de buenas intenciones (se suele decir que “el camino al infierno esta plagado de buenas intenciones”) pero por mas que lo nieguen, más de 100 años de prohibicionismo a nivel mundial han demostrado el fracaso de esa política para combatir el consumo de drogas.

Economía del faltante

Martín Gonzalez Eiras escribió un post conciso explicando la economía de los faltantes de combustible en las últimas semanas:

Se ve que durante los noventa (el segundo gráfico comienza en 1947) el petróleo en el mundo tuvo una tendencia decreciente alcanzando su mínimo histórico en 1998 para trepar desde ahí hasta su máximo histórico en 2008 (actualmente está a valores corrientes cerca de 80 USD el barril). O sea que a pesar de señales de precios que incentivarían la producción y la exploración, en el país la producción (y la exploración) se redujeron.

Esto no es un enigma pues es bien sabido que el gobierno cuando no prohibió la exportación de combustibles la desalentó mediante la aplicación de retenciones móviles. Además el “conflicto distributivo” entre productores y refinadores sobre el precio interno, al generar incertidumbre adicional, desalienta la producción y exploración así como también la inversión en capacidad de refinación.

En este clima hostil a las inversiones no es sorprendente que en el país no se construya una nueva refinería. Con su vocación dirigista hace cuatro años este gobierno intentó obligar a las petroleras a construir una en Comodoro Rivadavia, con costo proyectado de USD 2200 millones (en parte financiada por las AFJP, según informaba en esta nota La Nación). Según Canton:

El proyecto quedó en la nada cuando las petroleras plantearon que preferían hacer cada una su propio plan de inversión. Pero los números demuestran que, al menos hasta ahora, esos planes no han fructificado tanto como para quebrar la tendencia: el país aún produce menos nafta que 10 o 20 años atrás.

Se puede leer completo acá.

A propósito del faltante de billetes, Rodrigo Sbarra, comenta en el mismo post:

De todas formas viene bien aclarar que el “faltante” no es porque somos un pais pujante.

Es como decir que no hay billetes porque crecimos tanto que la demanda de dinero demuestra el amplio poder de consumo. Hagamos billetes de $200 y $500 y vas a ver como se termina el problema.

La rapida solución al problema del paco

Varias preguntas llegan al blog, y para muchas de ellas tenemos  respuestas.

Desde acá ofrecemos una respuesta sencilla, de pocos párrafos, para que puedan usarla si se encuentran ante una pregunta de este estilo.

#1 Supongo que están a favor de la despenalización de las drogas pero una cosa es la marihuana o cocaína y otra cosa es el paco. ¿Qué harían para erradicarlo?

Respuesta: La realidad es que el paco es  una consecuencia de la prohibición y con ella solo se acrecenta el problema. La prohibición eleva los precios de las drogas que si bien son nocivas, no son venenos como el paco. Esto produce que los más pobres que quieran acceder a las drogas como la marihuana o cocaína, entre otras, estén fuera de su alcance por sus escasos recursos, es así como surgen sub-productos (el paco es la resina de la cocaína) de bajo costo, para poder satisfacer el mercado de los que menos poder adquisitivo tienen.

Al ser un sub-producto de la cocaína, y que a su vez está “cortado” con sustancias con un alto nivel de toxicidad, sumada a la ya alta toxicidad del paco, se terminan comercializando productos que matan a un consumidor regular en tan solo 6 meses. Veneno puro.

La eliminación de las trabas a la producción, venta y consumo de drogas lograría aliviar la presión sobre la oferta del mercado de drogas,  y en consecuencia una disminución del precio en las drogas que eliminaría del mercado productos como el paco, al existir sustancias menos dañinas, y de mayor duración. Aquellos que opten por consumir drogas, no deberán optar por los peores venenos a la hora de comprarlas.

Este es solo uno entre las muchísimas consecuencias de una liberalización del mercado de drogas, simplemente para mencionar otras podemos hablar de la disminución del delito, asi como la erradicación del crimen organizado en el sector (serían las empresas, y no las mafias las encargadas de proveer el mercado), y principalmente se evitarían  muertes asociadas a la adulteración de sustancias y dosís.

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Este no es un análisis sobre si las drogas hacen bien o mal, o si esta bien o mal drogarse. Este es un simple análisis sobre las consecuencias económicas de la prohibición y como estás repercuten en el surgimiento de sustancias asesinas, como el paco. En otros posts nos ampliaremos los conceptos apenas mencionados acá, y también va a llegar la hora de tratar las cuestiones morales relacionadas con el asunto de las drogas.

Prohibirá el gobierno las enfermedades?

Me estaba por quejar de una algo bien mundano,  el gobierno quería prohibir la importación de alimentos que tengan sustitutos producidos en el país, alguien que desconozca las leyes básicas de economía y le importe poco y nada el respeto por los derechos individuales, dirá que soy un burgués que llora por no poder comer su arenque alemán.

Pero que sucede cuando la misma lógica se aplica a los medicamentos?

La idea del secretario de Comercio es que las empresas dejen de importar aquellos productos que se producen en el país. “Moreno pidió que se deje de importar lo que se fabrica en el país; no gastar dólares en cosas que se hacen acá”, afirmó una fuente de la industria.

Ernesto Felicio, presidente ejecutivo de la Cámara Argentina de Especialidades Medicinales (Caeme), que agrupa en su mayoría a empresas multinacionales, abundó: “Se evalúa la posibilidad de producir localmente lo que se importa para mejorar la balanza comercial, aunque si producir algo es más caro que importarlo, no tiene sentido”.

Felicio,  por lo menos tiene cierto uso de la razón,  mientras que  el Secretario de Comercio, con el objetivo de equilibrar la balanza comercial (sobre lo absurdo de esto volveré otro dia) no duda en complicarle la vida a miles o millones de personas, todavía mas.

Tampoco es  que estemos a favor de la prohibición de alimentos pero cuando uno se queda de brazos cruzados mientras el gobierno avanza sobre algunos derechos humanos pronto se verá en presencia de que su libertad quedo restringida a muy, muy poco.

El próximo paso? Prohibir las enfermedades que se curan con medicamentos importados.

(Vía PL@FB)

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