El Estado somos todos

Está en boca de muchos decir, cuando uno se queja de malos manejes del Estado, la frase “pero el Estado somos todos”.

 

Yo no estafé a varias generaciones con falsas promesas de jubilación.

Yo no imprimo billetes sin respaldo, robándole el poder adquisitivo a los que están en manos de mis conciudadanos.

Yo no le robo cerca del 50% de su sueldo a mis compañeros trabajadores.

Yo no adoctrino a tus hijos con un sistema que fue pensado hace más de 150 años para formar soldados y empleados industriales.

Yo no mandé a pibes de 18 años a morirse en una cruzada quijotesca contra uno de los mejores ejércitos del mundo.

Yo no le transpasé al pueblo las deudas de los empresarios amigos que se habían endeudado en la timba financiera.

Yo no arrasé con varios pueblos originarios para expandir el territorio nacional.

Yo no le di esas tierras conquistadas a 344 familias aristócratas amigas del poder.

Yo no convertí el campo en un monocultivo de soja, con la aplicación de retenciones y prohibiciones.

Yo no hice desaparecer el pan blanco en 1952.

Yo no meto en la cárcel a los que eligen meter en sus cuerpos ciertas plantas o sustancias sin afectar a nadie más.

Yo no obligué a todas las generaciones hasta los 90’s a hacer el servicio militar obligatorio.

Yo no construí obras que benefician solamente a algunos empresarios o sectores afines, con la plata de los contribuyentes.

Yo no confisqué las jubilaciones de gente que había optado por irse del sistema piramidal estatal a uno un poco menos peor.

Yo no le impuse a mis conciudadanos un corralito para que no pudieran retirar sus ahorros.

Yo no le pesifiqué las deudas a mis empresas amigas 3 a 1, mientras los ahorros de la gente se pesificaban 1 a 1.

Yo no le impido a mis conciudadanos establecer relaciones comerciales mutuamente beneficiosas con el exterior.

Yo no persigo a los espacios de arte independientes con leyes obsoletas, habilitaciones absurdas e inspectores corruptos.

Yo no censuré a la prensa, ni a la música, ni a la literatura.

Yo no reprimí las protestas sociales.

Yo no metí presos a mis rivales políticos.

Yo no desaparecí a 30.000 personas durante la última dictadura.

 

Por todo eso y más, “el Estado somos todos” las pelotas.

 

Son éstos.

Son éstos.

Lubertino tuvo una buena idea

Como si por un momento un grupo de alienígenas solidarios pensaron en la legisladora porteña María José Lubertino y le devolvieron el cerebro, la ex-titular del INADI tuvo una buena idea.  Si, la misma persona a la que le “secuestraron Twitter“, la que propuso negociar con el violador para que sea con métodos anticonceptivos, o la que envió el ya famoso mensaje que erró en su destinatario, esta vez tiene una propuesta que vale la pena analizar, y no burlarse.

Lubertino propone un cambio en la legislación de la Ciudad de Buenos Aires respecto a los animales:

Espacios para todos y todas..las mascotas. Eso es lo que plantea la legisladora del Frente para la Victoria, María José Lubertino, quien el martes presentará un proyecto con el fin de lograr que se derogue una prohibición que no permite el ingreso de los animales domésticos a espacios y transporte públicos.

“Queremos derogar la prohibición y proponerle a los lugares que definan si son voluntariamente amigables a las mascotas”, planteó la ex titular del Inadi en declaraciones a Radio 10. El trabajo, según detalló, fue a lo largo de varios años estudiando las legislaciones de países como Francia, Suiza y Estados Unidos junto a organizaciones protectoras de animales.

La perra de Lubertino, contenta.

Impecable. Lubertino propone derogar una prohibición sobre el ingreso de animales a comercio, y que sean los dueños de los comercios que decidan si permiten o no el ingreso de animales. Una solución que le devuelve, apenas,  una facultad sobre su propiedad que los dueños nunca debieron haber perdido.

Lo sorprendente de esta propuesta es que no se encuentra viciada de retrocesos, como suelen ser muchas de las legislaciones que en principio podríamos estar de acuerdo, pero que luego terminan siendo arruinadas por clausulas adicionales. Un ejemplo es la cuestión de la legalización de las drogas, que es acompañada con obligar a prepagas y obras sociales a cubrir tratamientos de desintoxicación, o la reciente ley de género, que involucra a los hospitales públicos, obligados a realizar gratuitamente aquella operación.

Una solución similar a la de los animales, tan simple como permitir que el dueño del comercio elija que política adoptar, es la que proponemos para los cigarrillos [1], [2], [3].

No van a faltar aquellos que pongan en duda la higiene de los lugares que permitan animales, la respuesta es simple: no vayan a esos lugares. La posibilidad de que cada dueño escoja las condiciones de admisión y permanencia de su local no sólo representan una ventaja para aquellos que hoy se ven privados de ingresar a esos lugares (los que fuman, los que quieren ir con animales, etc), sino para todos los demás que tendremos más posibilidades de elegir al haber mayores aspectos en los que los diferentes comercios podrán competir.

Felicitaciones a Mxríx J@se Lubertinx por esta idea, esperamos desde acá que su intervalo de lucidez se extienda.

El Amor y la Noche en manos del Estado

Era una noche cualquiera en Buenos Aires. Caminaba por las calles de Palermo rumbo a un bar, para encontrarme con amigos en nuestra clásica salida de tragos y levante. A último minuto habíamos tenido que cambiar de punto de encuentro, porque la noche anterior la policía había clausurado el bar del que éramos habitués. Un joven había denunciado frente al INADI que se le había impedido ingresar al local por estar vistiendo indumentaria deportiva… ¡discriminación!

Por la vereda de enfrente una pareja venía peleándose. Era una escena cada vez más común: como las indemnizaciones por dejar a una persona después del período de 3 meses de prueba habían escalado hasta un nivel absurdo, no importaba qué tan insoportable resultara la vida juntos, ninguno se animaba a dar el primer paso hacia una separación. Otros, en cambio, tomábamos la ruta alternativa: una vida de promiscuidad y rehuirle al compromiso. Una suerte de “amor en negro”.

Liberty Beer

En 1984 tenían Victory Gin; acá tenemos Cerveza Liberty.

Entré al bar y me dirigí hacia la barra para pedir una cerveza. Error. Tendría que haber pedido una cerveza con alcohol. Siempre me olvido. Así como hace unos años suprimieron la sal en las mesas de los restaurantes para proteger a nuestra salud de nosotros mismos, ahora había que pedir explícitamente que nuestras bebidas alcohólicas tuvieran efectivamente alcohol.

En la otra punta de la barra, un grupo de anglosajones muy facheros trataba de ahogar sus frustraciones en gin tonic. Uno se acercó y me preguntó en un castellano rústico qué significaba “Nac&Pop”. Si bien es cierto que las argentinas siguen siendo las más lindas del mundo, nadie les explicó a estos pobres gringos que las políticas proteccionistas del país ahora también se estaban aplicando al rubro de las relaciones humanas. El lema de las últimas propagandas oficiales era “por cada argentina que se acuesta con un extranjero, hay un argentino que se va a dormir solo y triste”. Y evidentemente todos los grupos que habían encarado se habían dejado lavar el cerebro, y les decían que no “para proteger a la industria nacional”. En otra época lo normal habría sido indignarse y gritar “¡xenofobia!”, pero hoy por hoy a todos les parece bien.

Llegaron los chicos. Después de la obligada ronda de estupideces, inspeccionamos el campo de juego. La mesa con más actividad estaba presidida por un tipo de evidente clase alta: bien empilchado, reloj brillante, celular último modelo. Lo acompañaban varias femmes, y en la mesa había frapperas con champagne y vinos espumantes varios.

“Billetera mata galán” – me comenta Nico.

No por mucho más” – contesto preocupado.

Y probablemente fuera cierto. Los megalómanos dementes que habitan el Congreso y la Rosada estaban debatiendo un proyecto (¡presentado por la oposición!) que consistía en una especie de “subsidio al levante”: un voucher para que usen en salidas “de lujo moderado” aquellos que no tienen plata para impresionar chicas. ¡Ya no iba a hacer falta ser divertido, interesante, culto, tocar algún instrumento, jugar bien a la pelota, hacer trucos de magia, saber escuchar, y demás talentos!¡El Estado nos iba a dar a todos las mismas oportunidades! (sí, el mismo Estado que perseguía a los artistas callejeros, exigía licencia para hacer magia, clausuraba los lugares para música en vivo, no dejaba que importaran libros, y aplastaba tu capacidad creativa e intelectual con años de adoctrinamiento obligatorio… ¡quería que VOS tengas levante!). Nadie se puso a pensar que, como marca la evidencia histórica, la mayoría de los fondos destinados a ese plan iba a terminar financiando las salidas a todo trapo de punteros políticos y playboys amigos del poder.

Encaramos algunos grupos. En un momento casi me vi tras las rejas, cuando después de que un homosexual me tocara el culo le grité “¡¡qué hacés…. chabón!!”. Menos mal que reprimí la palabra con “p”, sino —INADI mediante— me habría ganado la expulsión del local (nunca pensé que me iba a salvar la noche un “puto” reprimido).

Lo ideal últimamente era que no te encariñaras demasiado con nadie en particular, porque la llamada del día después se había convertido en una lotería: con un sistema similar al impuesto a las ganancias, si habías cosechado algunos números de teléfono, estos eran socializados para repartir entre los menos afortunados. Y si justo desaparecía el que más querías conservar… mala suerte. Esto lo pudieron hacer gracias a la digitalización: argumentando “protección del medio ambiente” prácticamente desapareció la producción de papel, con lo cual la única forma de agendar un contacto es a través de tu celular personalizado e intransferible (junto con la producción de papel, claro está, desaparecieron la libertad de expresión y la privacidad).

Traté de despejar mi cabeza y decidí redoblar mis esfuerzos para concretar algo hoy, ya que mañana no tenía la noche disponible para mí; tenía una cita a punta de pistola con Dios-sabe-quién. El gobierno había lanzado hace unos meses el plan “Solos y Solas”, en donde todos recibíamos caridad romántica compulsiva. Una de cada siete noches de mi semana era administrada por el Estado, que decidía Dios-sabe-cómo quién era nuestra cita idónea para esa semana. “Cruzan bases de datos”, decían algunos; “tienen un grupo de gitanas-brujas-burócratas que tiran la posta“, teorizaban otros. Nadie parecía sorprenderse del hecho de que a las que administraban el sistema siempre les tocaba salir con el galán que gozaba de sus 15 minutos de fama en la tele o el teatro, o a los funcionarios con la modelo top de la semana.

El hecho era que, pese a que muchos nos opusimos porque pensábamos que eramos capaces de hacer nuestra gestión de citas nosotros mismos mucho mejor que un burócrata, la ley se aprobó, y era salir con la persona asignada o ir en cana por incumplimiento del deber civil. El argumento de los socialistas fue:

Caridad romántica compulsiva

Dos medias naranjas violentadas por el Estado

“¿Y qué pasa si llegás a los 40 y no conociste a la persona adecuada?¿quién se va a hacer cargo de que estés solo y no te quiera nadie?¿También me vas a decir que podés gestionar tu propia jubilación mejor que el Estado? Ja, ja, ¡contate una de pistoleros!”

Imposible explicarles que si esas noches me hubiesen dejado salir con quien yo quería, habría tenido más chances de encontrar a la persona ideal para mí, si es que existe. Y sinó, ¿quién me quitaba lo bailado?

Evidentemente, el Estado podía quitarme lo bailado.

El DJ se pasó un poco con el ritmo, provocando primero que un joven lo marcara con el pie, y luego que una señorita empezara a mover las caderas. Error fatal. Además de que la canción no estaba aprobada en la Playlist Oficial Año 2025, el bar contaba con habilitación “local tipo C – no bailable”. Un inspector infiltrado de civil vio toda la escena y procedió a la clausura, dejándonos a nosotros de patitas en la calle y al dueño del bar con un agujero en su economía.

Finalmente habíamos alcanzado esa panacea que prometían las palabras del Duce: “Todo dentro del Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado”. Música para los oídos de las masas.

Volviendo a casa, me shockeó el último cable de Télam proyectado en la telepantalla del colectivo: el Congreso estaba por aprobar una ley importantísima ¿El nombre? Proyecto Prima Nocte.

Proyecto Prima Noctes

Así se habría visto si hubiese papel

Regulaciones al Gas

Llego a casa y me entero que no hay gas.

Bajo a preguntar al encargado y me informa que “alguien” hizo una denuncia por olor a gas, y el servicio fue cortado inmediatamente hasta que una cuadrilla de la compañia venga a revisar la instalación. Hasta ahí acciones y argumentos razonables.

Día siguiente. No solo vino la cuadrilla, sino una tropa de inspectores, que recorrieron todos los departamentos para revisar cada instalación domiciliaria hasta su ultimo mechero. Ahí ya me calenté. Si alguien en planta baja olió gas, es porque es probable que la perdida se encuentre en las cañerías de distribución hacia cada departamento (que era lo único que justificaba el corte general). Si ellos verificaron que en la distribuidora no había perdidas, no hay motivo por el cual se deba revisar cada instalación. Si mi instalación pierde un gas que no se refleja ahí, me jodo porque pagaré más que el gas que consumo en la factura de la tarifa.

Ante mi reclamo, vinieron con una seguidilla bastante pintoresca de explicaciones mas o menos torpes. Me dijeron que era para “cumplir con las nuevas normativas del ente regulador” y que no ocurran accidentes hogareños por el gas, que se cobran tantas victimas por año, todo dicho haciendo ojos de pescadito, como a quien le importa mucho la humanidad.

Una solución no regulada al problema de abastecimiento de gas.

A ver, si mi casa vuela a la mierda porque no tome las medidas de seguridad mas acertadas, me jodo yo y quienes viven en ella, que en este caso es mi familia. Si daño a alguien mas, como por ejemplo, la integridad y la propiedad de un vecino, me vuelvo a joder yo, porque soy el causante del daño, por lo que corro con todas las de perder. Como vemos, todo esto lo resuelve perfectamente los derechos de propiedad, y mucho mejor que una manada de inspectores con caras de moluscos preocupados.

Debo agradecer a las fuerzas ocultas del cosmos el tener agua caliente centralizada, lo que me permitió sobrellevar la crisis con bastante elegancia. Pero como hay que hacerle la sopa y la meme a mi hija, sobrevivimos a las patadas con el microondas en el corto plazo, y después de escuchar las modificaciones irrisorias que me exigieron poner en mi cocina (y el desembolso de dinero que significaba realizarla), salimos volando a buscar una garrafa.

La garrafa apareció. Una garrafita de camping del año 54 que acompañó a mi viejo en sus innumerables viajes en casa rodante a cada rincón del país… perfectamente… ILEGAL! Estaba oxidada y con todas las juntas resecas, por lo que la tuve que reacondicionar bastante para poder volverla a ponerla en marcha con cierta tranquilidad. Comenté con mis vecinos desgasificados como había resuelto el problema, y me encontré con que CHAN! todos lo habían resuelto de la misma manera, o parecida. Con lo cual, el haber olido gas en planta baja trajo como consecuencia un edificio de 18 pisos repleto de garrafas recauchutadas. Pero eso NO ES TAN PELIGROSO como volver a dar gas… como explican los señores inspectores.

Salgo a buscar soluciones al problema, y me encuentro con que el Mercado (sisi, malo, malo, feo, buh!) ya tiene todo un abanico de ofertas para solucionar tamaño sinsentido. Me pongo en contacto con uno, que me hace una jaulita de aluminio y me pone unas toberas pegadas con una espuma pedorra. Una porquería total, desde el punto de vista de la estética y la seguridad. Pero al inspector preocupado le parece que “cumple con la normativa” y aprueba que me abran la fucking llavecita del orto.

Entonces, comencé a preguntarme con mas detenimiento: cual era el origen del problema? La vuelta es larga, pero empieza por algo fundamental: que le importa a Metrogas? claramente, vender gas ocupa el lugar numero N en su lista de prioridades, y al tope de ella se encuentra cobrar el subsidio, seguido por mantener la concesión. El segundo punto es el único que les impide clausurar el suministro de gas a toda la ciudad, y sentarse a esperar el sobrecito, así que alabado sea. Entonces, algo tan natural como que una empresa proveedora de gas QUIERA vender gas queda totalmente distorsionado por intervenciones estúpidas. Por otro lado, si hubiera libre competencia en lugar de concesiones monopólicas, y varias empresas proveedoras estuviesen pujando por tenerme como cliente, ante el anuncio de un cambio de regulación (suponiendo que aun exista un organismo estatal con el poder de imponer ciertas condiciones normativas a los demás, lo que es totalmente al pedo, porque, como vimos, los derechos de propiedad determinan responsabilidades sobre las personas y las cosas de un modo mucho mas eficiente que cualquier arbitrariedad) las empresas se estarían cagando a piñas en la puerta de mi casa para hacerme la modificación ellos mismos, no solo para para poder seguir facturando gas, sino para aprovechar la volteada y que reconsidere quien sera mi proveedor según como responda cada uno a esta nueva reglamentación.

Hace poco me cruce con una amiga que estaba atravesando por exactamente el mismo problema… en la ferretería, comprando un calentadorcito a gas! Temo por ella, pero así, hay que bailar al ritmo de esta murga… Estas son las regulaciones al gas, mis amigos… y están tan al gas como la gente que las escribe.

El Problema no es La Salada

Leo en infobae que la Cámara Argentina de Indumentaria para Bebés y Niños (Caibyn) denuncia a las ferias tipo “La Salada” de competencia desleal. Aducen que la existencia de las mismas y sus precios extremadamente módicos atentan contra la industria Textil ya que los comercios y los shoppings no pueden competir con las mismas. Ahora, yo me pregunto: ¿el problema es que La Salada no tenga regulación o que todos los demás no puedan (o no quieran) escapar a la misma?

Por lo pronto, hay que desmenuzar los argumentos que utiliza Caibyn:

Precios Extremadamente Bajos harán que todos compren en las ferias: Según la cámara empresaria, los precios extremadamente bajos en La Salada atentan contra la venta de indumentaria en comercios. Para empezar, no todas las personas compran en ferias al estilo de La Salada. Estas ferias se concentran en un sólo lugar, la atención al público es muy deficiente y probarse la ropa es muy difícil. Eso sin contar con que la calidad, como lo dice el mismo gerenciador de la feria, no es la misma que la de las marcas. Por otro lado están ubicadas en zonas complicadas y los horarios en los que atienden tampoco suelen ser los convencionales. La gente que compra ropa en estos lugares lo hace justamente porque el beneficio principal lo dan sus precios extremadamente bajos. Los clientes de estas ferias posiblemente no sean capaces de comprar indumentaria en un comercio a la calle porque le resulta demasiado costoso. Ni hablar de comprar en un Shopping. ¿Entonces por qué molestarse en atacar a un competidor que no estamos seguros que sea tal?

Que la gente pueda comprar ropa a precios extraordinariamente bajos hace que tengan más dinero disponible para satisfacer otras necesidades como comida, techo, esparcimiento, educación, etc. Obligar entonces a que todos tengan que comprar a precios con los cuales puedan competir los Shopping, para mantener el negocio de algunos, es cuanto menos, sumamente cuestionable. Es tomar al consumidor de rehén en favor de un sector de algunos actores de la industria (porque convengamos que los que confeccionan para las ferias, también forman parte de la industria del rubro).

Por otro lado, hay un segmento importante del mercado que valora poder comprar en un Shopping, con probadores grandes, bien iluminados, con música tranquila y diseños a la última moda. Suponer que La Salada cumpliría la demanda de este público es completamente descabellado.

La Salada constituye competencia desleal: Competencia desleal es utilizar el poder de policía del estado para que todos los vendedores de indumentaria tengan que equiparar sus precios con aquellos que tienen la suerte de poder pagar el alquiler exorbitante de un local dentro de un Shopping. Hay gente que privilegia precio por sobre terminación y un ambiente perfumado donde comprar su ropa, y ello queda demostrado en el éxito arrollador de los mercados a cielo abierto. La Salada, Saladitas y demás mercados, lo único que hacen es competencia sumamente leal para ofrecer al consumidor un producto acorde al alcance de su bolsillo. ¿Cómo podría un cuentapropista introducirse en el mercado, si lo primero que debe hacer es pagar impuestos y cumplir reglamentaciones torpes, sin importar si tiene la tela, la máquina de coser o la habilidad para confeccionar? Competencia desleal es esconderse detrás de la burocracia construida para privilegiar a algunos e impedir la entrada al mercado de otros.

La perjudicada es la industria: La industria se beneficia de la proliferación de puntos de expendio donde ofrecer la mercadería. Los menos privilegiados son aquellos que ya estaban establecidos en el mercado. Pero esto no quiere decir que los nuevos actores estén sacando algo a estos últimos, sino que sólo están compitiendo con las herramientas que tienen a mano. Están consiguiendo el favor del consumidor cada vez que adquiere uno sus productos.

Mercado La Salada

El Problema no es La Salada

Lo que no ven los industriales de Caibyn es que el problema no es La Salada. El problema es la regulación. El problema son las altas cargas impositivas que los puesteros de La Salada no pagan para hacer rentable su negocio. El problema son las cargas sociales que hacen que el industrial tenga menos trabajadores de los que tendría en otras condiciones, porque el costo de tener un empleado más supera la utilidad marginal que el mismo le proporciona. El problema son las habilitaciones que hacen que los locales tengan que incurrir en costos adicionales completamente inútiles para no ser clausurados por el burócrata de turno.

El problema es que el “modelo” en el que estamos inmersos es una traba mental, que no nos permite ver cuáles son los verdaderos problemas y sus soluciones. La satisfacción al consumidor y la competencia “leal” están mucho más cerca de lo que piensan los industriales, sólo que pedir la desregulación es políticamente incorrecto. Este “modelo” corporativista, prebendario, anti consumidor, anti trabajador, anti emprendedor, hace que no veamos que las trabas que se fueron construyendo durante décadas de estatismo sólo beneficiaron a unos pocos en detrimento del consumidor y del cuentapropista que quiere comenzar un nuevo negocio, arriesgando su propio capital y poniendo su talento a disposición.

Señores de Caibyn la solución no está en pedir que se erijan trabas a la Salada. La solución es que les saquen a ustedes los grilletes de los cuales La Salada logró liberarse.

Rehenes Colectivos

Así como la Secretaría de Comercio Interior tiene como función obstruir el comercio y la legislación en defensa del consumidor perjudica al que se supone que debe defender, la Secretaría de Transporte pone trabas para que los argentinos puedan transportarse, no se podía esperar menos.

La empresa Nueva Metropol anunció el  lanzamiento de la nueva línea de colectivos “Plus 194” que ofrecía un servicio diferencial:

La empresa La Nueva Metropol destinó $ 60 millones para crear una nueva flota de colectivos con servicio diferencial para

La nueva línea de la que los usuarios pueden ser “víctima”

pasajeros.

Para esta línea, la empresa incorporó una flota de 60 coches nuevos, donde sólo viajarán pasajeros sentados, con una frecuencia de dos minutos de espera, asientos de pana y aire acondicionado frío calor. El nuevo servicio tendría una tarifa única de $ 2.

Plus 194 aceptará pagos en efectivo, con SUBE y Monedero, pero, además, prevé poder generar puntos de venta de pasajes en alianza con los kioscos de revistas.

Se prevé que el recorrido total del tramo demore 50 minutos, cuando en una línea tradicional se extendería cerca de un 40% más, según estimaciones de la empresa. La actual línea 194 (Chevallier Metropolitana) cubre el tramo de Buenos Aires a Zárate, con lo cual el servicio diferencial de Plus 194 será más corto, limitándose a la ciudad.

Sin dudas se tratá de un nuevo servicio para los usuarios de transporte público, si bien el boleto sale un poco mas (entre 75 y 90 centavos depende del tramo del viaje), uno tiene la garantía de viajar sentado y además llegar más rápido a destino, además es un 36% menos contaminante, según dicen en la nota.

Como el transporte público esta hiperregulado, la empresa para poder operar necesitaba una autorización de la Secretaría de Transporte, que le fue denegada.  No contenta la empresa, recurrió a un amparo judicial, y en esa instancia el juez autorizó, de forma provisoria, que la linea Plus 194 pueda brindar el servicio y de esa manera ofrecerle una alternativa más, distinta, a los pasajeros que realizan ese recorrido.

Como no podía ser menos, el secretario de transporte de la nación, Juan Pablo Schiavi,  describió a los usuarios que se podrían ver beneficiados con un nuevo competidor como “víctimas” de la resolución que autoriza a operar a esta empresa:

Durante la reunión, donde se resolvió levantar la medida de protesta programada para esta tarde, Schiavi aseguro que los usuarios son víctimas de la intervención de un juez en temas que competen exclusivamente a la Secretaria de Transporte, que ya había resuelto no conceder la habilitación del servicio diferencial a la línea 194, por no cumplir con los requisitos mínimos que se necesitan para circular.

La excusa de los usuarios como víctimas de una nueva empresa es sólo eso, una excusa para proteger de la competencia a las otras lineas de colectivos que pusieron el grito en el cielo:

El bondi ideal de Schiavi

Según denuncian, la protesta es por haber autorizado, mediante la vía del amparo, la implantación de una nueva línea de transporte público, facultad que solamente compete a la Secretaría de Transporte y peor aún, “sobre una traza en la que no existen demandas de transporte insatisfechas y sin haber dado cumplimiento a ninguno de los requisitos formales y materiales que se requieren para ello”.

A través de un comunicado, señalan que: “la medida cautelar citada promueve y permite a la línea 194, la operación irregular del servicio sin cumplir con las condiciones mínimas que se requieren y se exigen al resto de los operadores, puesto que no utilizan vehículos de piso bajo y en consecuencia no tienen accesibilidad para personas discapacitadas, cobran los pasajes en efectivo, no poseen las máquinas para utilización del SUBE y usan paradas de otras empresas para efectuar el ascenso y descenso de pasajeros”.

No se entiende si el servicio que brindan es tan malo, si no cumple los requisitos mínimos para circular como indican tanto las empresas competidoras como el secretario de transporte, ¿por qué tanto alboroto por una nueva línea tan berreta?

Cartel en el lateral de una unidad de la linea 132 quejándose por la competencia

Está claro que eso no es así, que las operaciones de la  línea Plus 194 puede llegar a forzar a los competidores a, valga la redundancia, competir con una línea por fuera del entramado regulatorio que pone en peligro la comodidad de tener, gracias al gobierno, un mercado estático y sin competencia, y  a la población de rehenes colectivos.

Alimentando las fauces del estado regulador

El lunes leía una nota de color acerca de una bebida extraña que toma uno de los delirantes señores que parece que tienen la solución para nuestros problemas, Pino Solanas. El liquido verde que injiere parece ser un energizante o algo similar. Así lo describía La Nación:

¿Clorofila, kiwi, kriptonita? Las dudas se multiplican entre quienes alguna vez presenciaron el ritual con el que comienza sus mañanas el diputado y candidato a jefe de gobierno porteño Fernando “Pino” Solanas. En el centro de las intrigas está el pote de líquido verdoso que el cineasta bebe religiosamente y que pocos se atreven a cuestionar. Pero los jóvenes que rodean a “Pino” no dudan de las propiedades energizantes del batido. “Es peor en campaña. Al final del día estamos reventados y él sigue, como si nada”, comentaba, resignado, un colaborador casi medio siglo más joven que el líder de Proyecto Sur.

Sí los funcionarios del gobierno leyeran La Nación y fuesen eficientes en su trabajo, Solanas hubiese recibido una intimación o pedido de informe acerca de la bebida que estaba tomando, que al parecer se encontraba por fuera del alcance del estado.

El párrafo anterior se me ocurrió como disparador para abordar un tema donde el estado, cómo si fuese el Gran Hermano, lo regula absolutamente todo en materia de alimentos y bebidas.

El art. 1123 prohíbe la venta de absinthe o ajenjo.

No sólo se limita a controlar y garantizar la calidad y sanidad de los comestibles si no que además, limitando cualquier tipo de innovación al respecto, se arroga la facultad de estipular los ingredientes, composición, requisitos de etiqueta, formas de presentación, etc. de las diferentes bebidas y alimentos.

Toda esta información llegó a mi conocimiento cuando hace un par de fines de semanas en una red social subí una foto de la botella  de absinthe (también conocida como ajenjo) que estábamos tomando con algunos amigos, donde me llamaron la atención  que esa bebida se encuentra prohibida por el Código Alimentario Argentino, la ley que se ocupa de regular sobre todos los aspectos relativos a asuntos culinarios.

Leer la minuciosidad sovietica con la que está indicado como debe ser cada preparada cada bebida, o las condiciones que deben cumplir determinados alimentos es sorprendente hasta en la Argentina donde prevalece la idea de que si algo no está regulado no funciona, funciona mal, o es peligroso. Son 1413 tediosos artículos en total, los que les dedicaron nuestros legisladores a la comida, comida con sabor a estatismo.

Los ejemplos son variados, en él podemos encontrar como debe ser producido el  pisco, afortunadamente el Código no menciona de que país se origina para evitar un conflicto diplomático con chilenos y peruanos. Dice:

Art 1114 – (Res. Conj. 86/2208 SPReI y 339/2008 SAGPyA) – Pisco es la bebida con una graduación de 35% a 54% vol. a 20 °C, obtenida a partir de destilados alcohólicos simples de vinos elaborados con uvas debidamente reconocidas y aceptadas por sus aromas y sabores, pudiendo ser destilados en presencia de sus borras.

Esta bebida podrá ser adicionada con azúcares hasta 30 g/l. El coeficiente de congéneres no podrá ser inferior a 250 mg/100 ml de alcohl anhidro.

Más incisivo es el inc. 8, por mencionar otro ejemplo al azar, del art. 1116 que nos dice como tiene que hacerse un Tequila:

8. TEQUILA: Es la bebida con graduación alcohólica de 36% a 54% vol. a 20º C, obtenida de destilado alcohólico simple de Agave o por destilación de mostos fermentados de Agave.

La destilación deberá ser efectuada de forma que el destilado tenga el aroma y el sabor de los elementos naturales volátiles contenidos en el mosto fermentado, derivados del proceso fermentativo o formados durante la destilación.

La bebida podrá ser adicionada de alcohol etílico potable de origen agrícola, siempre que el contenido de destilado alcohólico simple de Agave no sea inferior al 51%, expresado en alcohol anhidro.

El coeficiente de congéneres no podrá ser inferior a 200 mg/100 ml ni superior a 650 mg/100 ml de alcohol anhidro.

La bebida podrá ser adicionada de azúcares hasta 30 g/litro. Cuando la cantidad de azúcar adicionada sea superior a 6 g/litro, la denominación deberá ser seguida del término: “abocada”.

La bebida podrá ser añejada, permitiéndose el uso de caramelo para la corrección de color.

Y esto no se limita a las bebida alcohólicas, por ejemplo en el capitulo de  “Alimentos carneos y afines” dice el art. 248:

248 Art – Se considera como Carne fresca, la proveniente del faenamiento de animales y oreada posteriormente, que no ha sufrido ninguna modificación esencial en sus características principales y presenta color, olor y consistencia característicos.

La carne de ganado fresca que se expenda después de 24 horas de haber sido sacrificada la res, debe mantenerse a una temperatura no mayor de 5°C en cámaras frigoríficas.

Las carnes estarán limpias, exentas de piel y vísceras. Selladas por la inspección sanitaria, salvo en animales pequeños o en las especies y casos debidamente autorizados en que esté permitida.

Es obligatorio reservar las partes selladas de las reses que tengan el sello de la inspección sanitaria que certifica su buena aptitud para el consumo, a los efectos de su presentación cada vez que sea requerida por los funcionarios fiscalizadores. La no observancia de esta regla hace que las reses se consideren como de sacrificio clandestino y quien las expenda o exponga se hará pasible de las penalidades correspondientes.

Y así hay cientos de artículos, algunos mas técnicos y otros menos, sin embargo todos regulando hasta el último aspecto de lo que comemos y bebemos.

Los últimos cambios que se  introdujeron en dicho código fue la redefinición de lo que es un y los “parámetros” de la

¿Estado Niñera?

manzanilla.  Ambas modificaciones son del 2011, es decir que  existía un vacío legal sobre ese producto y  no se encontraba regulado (el caso de la manzanilla) o su regulación era insuficiente o estaba mal regulado (el caso del té). Tantos son los aspectos que cubren este código que esta regulación parece ser fundamental para que podamos seguir con vida sin morir envenenados por injerir algún alimento que se aparte de las ordenes de los que saben como deben ser las cosas. Si esto último fuese cierto ¿cómo puede ser que no  se hayan producido miles de muertes entre los consumidores del té, mal regulado, y la manzanilla, no regulada?

Este código es un ejemplo del enjambre regulatorio que tienen que atravesar todos los días en todos los sectores aquellas personas que pretenden ofrecerle al público un producto o un servicio para facilitarles la consecución de sus fines.

Por supuesto muchos de nuestros habituales lectores que encuadran el rol del gobierno dentro de la  defensa de la vida, libertad y propiedad, o sea el liberalismo clásico, aceptan que el gobierno establezca algunas normas mínimas de higiene y calidad en protección del consumidor, una manera de protegernos ante abusos o negligencias de los productores de alimentos, pero a ellos les pregunto ¿es realmente el estado necesario para regular este tipo de cosas? ¿Cuál es el costo que debemos soportar a partir del accionar del leviatán regulador? ¿Cuales son las alternativas?

Un segundo antes de adentrarnos en las que podrían ser alternativas no-estatales a la regulación, tenemos que destacar que todas estas regulaciones no son gratis, elevan los costos, entorpecen la innovación, pueden ser utilizados como mecanismos para desalentar la competencia (mediante el corporativismo endémico que sufre este país, esto es, la alianza empresas-estado), y además los costos mas grandes terminan recayendo en los ciudadanos que tienen que sostener las estructuras elefantiásicas que agregan un sello de calidad  reemplazable por estructuras privadas cuyos costos no recaigan enteramente sobre el contribuyente. Ya hace unos años el Partido Obrero denunciaba (por supuesto, con otros fines que los nuestros) como el SENASA era la herramienta para regular los mercados de la carne, de esta manera bajo la mascara de la sanidad se estaba frente a una regulación económica donde el estado intentaba favorecer ciertos sectores en desmedro de un libre mercado.

Volviendo al estado regulador y sus alternativas,  comentabamos con anterioridad:

Fracaso estatal mediante,  o no, las obras  no se sostienen sobre las regulaciones, sino sobre la responsabilidad de los ingenieros y arquitectos. Aunque no lo parezca, hay productos que usamos en nuestra vida cotidiana no están bajo estrictas normas de control y regulación gubernamental, y al terminar cada día nos vamos a dormir sanos y salvos, y el gobierno no estaba ahí para regular, controlar y verificar la calidad de los productos. Es la competencia, la necesidad de ofrecer un buen servicio/producto para poder sobrevivir, la responsabilidad de los daños provocados, y el prestigio de una marca, son las principales motivaciones para buscar la excelencia en el servicio, o por lo menos para no defraudar al consumidor.

[…]

5. ¿Y quién regula? Para terminar, ¿quién regularía en una sociedad libre, pacífica,  donde los seguidores del estado, cual dios de una religión, no tengan el poder de imponerse sobre aquellos que aspiran a vivir en libertad? La ausencia de una regulación monopólica del gobierno no implica la ausencia total de regulación, las mismas empresas, por las razones que mencioné mas arriba se autorregulan sometiendo sus productos a evaluaciones de prestigiosas empresas que ofrecen servicios verificación de calidad como lo son Underwriter Laboratories, SGS,  Intertek, Orthodox Union (comida kosher), o alguna de las doce certificadoras de comida halal . En última instancia son los consumidores los que todos los días con sus decisiones regulan quienes siguen participando en el mercado, y quienes deben dejar de hacerlo.

La posibilidad de sacar al estado de su función regulatoria  es una idea que me entusiasma, y que además han surgido organismos privados y voluntarios paralelos al estado que se ocupan de regular de manera privada, con empresas que se someten a ser examinadas de manera voluntaria, y mercados que, mas allá de cualquier regulación estatal, se fían únicamente por las evaluaciones de este marco regulatorio alternativo voluntario.

La idea de este post era señalar una vez mas como el estado se inmiscuye en todos los aspectos de la vida y en nuestras relaciones. Desde que uno se levanta hasta que uno se va a dormir, y como el mismo no es indispensable , incluso en asuntos tan delicados como la bromatología, es por eso que en futuros posts vamos a profundizar acerca de los marcos regulatorios alternativos, y ver como el mercado puede resolver sin mayores inconvenientes este tipo de controles y verificaciones.

Que el último apague la luz

Ayer, al igual que en España hace poco, el Congreso sancionó una ley nacional anti-tabaco y anti-propiedad privada. Esta ley ya la analizamos cuando fue aprobada por el Senado, el año pasado, y además nos ocupamos de la normativa que había a nivel Ciudad de Buenos Aires.

Pero no sólo esta ley fue sancionada hoy, si no que también esta semana comenzó a regir una ley que fue aprobada en el 2009 y prohíbe la venta de lamparas incandescentes.

El desprecio del gobierno por el invento de Edison no se limita sólo al nuestro, muchos otros gobiernos se han sumado a esta ola intervencionista en materia de la lamparitas.

Podría ponerme a enumerar las grandes desventajas que tienen las nuevas lamparas impuestas por el estado, algunas

Socialismo Fluorescente

Socialismo Fluorescente

de ellas son su precio (las de bajo consumo cuestan hasta un 1500% mas que las actuales), la baja durabilidad si son encendidas y apagadas muchas veces (como en el baño, por ejemplo), los gases venenosos que contienen y que en caso de romperse puede causar trastornos en la salud de bebés (mercurio), la contaminación que generan (deben tener un tratamiento especial al tirarlas), emiten ondas que generan interferencias, entre otros factores que las tornas polémicas.

Sobre el punto que quisiera hacer hincapié en este caso es uno mucho mas simple, y alejado de cuestiones técnicas (Wikipedia en  inglés, con su página de discusión y las fuentes son un buen lugar para comenzar a indagar sobre cuestiones mas del tipo técnico), se trata sobre la manera en que estas lamparas ingresan al mercado.

Las bondades que nos cuenta la clase política, y los ecologistas, sobre las lamparas fluorescentes compactas (CFL por sus siglas en inglés) son asombrosas. Parece que es una de las innovaciones mas importantes y que las CFLs llegaron para quedarse, y mejorar nuestra calidad de vida, sin embargo, hay algo que no termina de cerrar. La historia de este tipo de lamparas se remonta al siglo XIX, cunado fueron inventadas por un ingeniero americano,  y se consolidaron, desde un punto de vista técnico, casi 100 años mas tarde a mediados de la década de los 80s con las mejoras introducidas por Phillips y Osram a las mismas, es decir estas lamparitas están entre nosotros desde hace mas de 25 años y sólo con una ley van a poder masificarlas. ¿Qué implica todo esto?

Esto quiere decir que los políticos, ley mediante, están imponiendo un producto, que los consumidores a la hora de comprar lamparas eléctricas lo rechazaron. Una vez más la élite de la clase política cree estar capacitada para decidir por vos, considera que si uno no optó por comprar las nuevas CFL es porque no desprecia el medioambiente y es malo, y no por la infinidad de razones que pueden llevar a una persona a tal conclusión. Las lamparas son malas, alumbran poco, tardan en encenderse, tienen una forma poco elegante, y además son contaminantes y caras, el tan mentado ahorro que promocionan solo lo van a ver los políticos, y especialmente, este gobierno, que con tarifas de energía congeladas convirtieron este insumo en un bien mucho mas escaso de lo que es.

Si verdaderamente se quiere ahorrar energía, que la gente le de un uso mas responsable a la electricidad, y no haya faltantes debería terminarse con el socialismo energético, que por el momento los sufren las industrias que tienen que someterse a un régimen de racionalización de energía tal cual sucede y sucedía en las economías socialistas.

Una vez más los políticos se toman el trabajo de decidir que es lo mejor para vos, ¿acaso los votaste para eso?

¿Por qué no todos los empresarios son favorables al capitalismo?

Hace unos meses planteaba las diferencias existentes entre lo que significa ser “pro-mercado” y “pro-empresa”, un concepto que a muchos les cuesta diferenciar.

Otra de las preguntas relacionadas con la relación entre empresarios que suele emerger entre liberales (por que aquellos que no lo son tienden a estar convencidos, en general, que los empresarios son defensores de los mercados libres) es ¿Por qué no todos los empresarios son favorables al capitalismo?

Encontré un anécdota que expone de manera bastante clara este problema:

En uno de sus seminarios, un estudiante le pregunta al Profesor Mises, “¿Por qué no todos los empresarios están a favor del capitalismo?” “Esa pregunta,” le contesta Mises, “es marxista”. La respuesta de Mises me shockeó en ese momento. Me tomó algún tiempo darme cuenta lo que estaba intentando decir. El que hizo la pregunta asumió, tal como Karl Marx, que los empresarios tienen un interés especial o “de clase” en el capitalismo que otras personas no lo tienen.

“El capitalismo,” prosiguió Mises, “beneficia a todos — consumidores, las masas. No solo beneficia a los empresarios.  De hecho, bajo el capitalismo algunos empresarios sufren pérdidas. La posición de un empresario en un mercado nunca es segura; la puerta esta siempre abierta para que cualquier competidor que lo quiera desafiar lo prive de obtener ganancias. Al fin y al cabo, es esta competencia la que le asegura a los consumidores que los empresarios intentaran hacer lo mejor para satsifacerlos, a ellos, con los bienes y servicios que desean.”

(Vía Mises Blog)

La Demanda Gana

Siempre. La demanda gana siempre.

La Interné

La Interné para todos

Trabajo en sistemas, el rubro que, según la visión argentina, tiene las peores condiciones laborales que pueden existir:

No posee sindicato propio.

No posee colegio profesional.

No tiene aranceles profesionales regulados.

No tiene regulaciones de seguridad e higiene por parte del Estado.

No tiene procesos y normativas aprobados por el ministerio de trabajo.

No tiene retenciones a las altas ganancias, por lo que el trabajo argentino se escapa (con muy buenos márgenes de ganancias).

No tiene barreras de entrada, cualquier monotributista puede hacerlo legalmente y ni hablar de la cantidad de trabajo informal.

No requiere estudios formales. Cualquiera con más de 15 años, sepa leer y escribir y un mínimo de lógica, una Pentium III, cinco pesos por semana y tres horas libres por día, puede en menos de un año convertirse en un trabajador de sistemas.

Los dueños de las empresas más grandes del rubro viven con grandes lujos, alguno es, incluso, el hombre más rico del mundo.

Ganancias se emperna a las empresas, porque lo único que se puede descontar son los sueldos, ya que casi no hay insumos.

Compite con lugares como La India, que cobran por un proyecto de similares características alrededor de un tercio de lo que se cobra en el pais.

Es el horror de todo burócrata. Al ministro Tomada se le caerían las lágrimas de sólo leer esto. Imposible que funcione. Imposible que la gente viva de eso.

Y sin embargo…

Cada vez que fui a buscar laburo conseguí.

Cada vez que pedí un aumento me lo dieron.

Cuando traté de hacer mi propia empresa y contratar gente, los pasantes, de los primeros años de la universidad y sin experiencia previa, pedían un delirio de guita.

Las empresas se roban entre sí a los trabajadores, ofreciendo jugosas cifras y, dependiendo del área de trabajo, incluso cifras absolutamente increíbles.

¿Cómo puede ser esto?

Fácil. La demanda siempre gana. Hay sistemas informáticos en todas partes y cada vez más: el sistema para el kioskero, reparación de PC, sitios web, bases de datos, programación en diversos lenguajes, aplicaciones y juegos para celulares, dispositivos de hardware de alta complejidad, simuladores de todo tipo y un infinito etcétera.

No da a basto la oferta de mano de obra en el rubro para satisfacer la demanda. Y cada vez menos.

Entonces se me ocurre que, capaz si, digo, de pronto, me parece… se copian las características de este rubro en otros rubros, podrían obtenerse resultados similares en cuanto a cantidad de puestos de trabajo, ganancias de los trabajadores, posibilidad de negociación de sueldos, movilidad ascendente, posibilidades de crecimiento, etc.

“Ya sé, ya sé…tiene que haber más demanda. Imprimamos billetes así aumenta la demanda”.

Wrong.

Hay que preguntarse cuáles son los factores que subyacen bajo esa demanda que tiende al infinito.

Progreso tecnológico. Research & Development. Baja de los costos de los equipos que no son “State of the art”. Bajo precio de los insumos. Targeting de equipos segmentando el mercado según poder adquisitivo.  Moda. Inexistencia de regulaciones gubernamentales. Gloria personal, como Steve y Bill. Lucro, muchas ganas de ganar plata. Flexibilidad de los mercados. Inexistencia de impuestos al uso o desarrollo de software.Un largo etcétera.

¿Pueden llevarse estas condiciones a otros rubros? Por supuesto que pueden.

Hay miles de abogados recibidos que no tienen laburo, porque están obligados a cobrar por una tablita. Si bien los estudios grossos te cobran para arriba, nadie te puede cobrar para abajo. Desregulen los honorarios, va a ver como hasta Doña Rosa va a poder hacer sus demandas a Defensa del Consumidor usando un abogado.

Saque el sello de mierda que tienen los escribanos, que se lo pasan de padres a hijos como si fueran una dinastía. Va a ver cómo disminuye el precio de todos los trámites.

¿Estaría bueno que se vendan más autos en el mercado interno? Me encantaría que todos puedan tener un auto. ¿Cómo puede ser que los autos cuesten el doble que en Estados Unidos? Ahí debe haber un curro impositivo importante. Sáquenle los impuestos, van a ver como automáticamente aumenta la demanda en el mercado interno. Y que la AFIP deje de perseguir al pobre tipo que se compra un usado. Qué le importa que esté laburando en negro si hace que se genere más laburo. ¿O no es eso lo que quieren y prometen todo el tiempo  y más en las campañas?

Y, antes que comprar autos, habría que poder usarlos, ¿no? Entonces sáquele el impuesto a las naftas, que es más o menos el 50% del precio. Cuánto más se andaría con esos precios…

Saquen las regulaciones al pedo que hay en fábricas y empresas de servicios. La demanda va a aumentar tan rápido que van a verse obligados a mejorar las condiciones antes que se le rajen los laburantes.

Los sindicatos encarecen más de un 17% los costos. Si quiere aumentar la demanda, tiene que disminuir los costos de los bienes y servicios, para que una mayor cantidad de gente acceda a ellos. Declare una libertad total sindical. Tal vez baje el encarecimiento a un 5% en promedio….y deje de haber sindicalistas viviendo en Puerto Madero.

Abra las barreras de importación. Es al pedo exportar si no se importa. Por la ley de Say, uno oferta para poder demandar. Si uno oferta a cambio de divisas es para poder adquirir bienes y servicios en divisas. No se puede solo exportar. Pónganse a pensar que pasaría si todos los países quisieran hacer eso. Hacen un rollito con los bienes y servicios y se lo meten….ahí. Así que, si se generan divisas, son para gastarlas en cosas importadas. Es imposible importar más de lo que se exporta (por lo menos sin endeudarse). Y, tener una “balanza comercial positiva” solo beneficia al estado, que es el que cambia las divisas por papelitos de colores.

Elimine barreras de entrada. El salario mínimo hace que ese chico de la villa de 16 años que se rompió el lomo 3 horas por día durante un año para aprender a programar (o algún otro oficio) no pueda, por más de que esté dispuesto a ganar unos pesos menos con tal de tener experiencia laboral.

¿Quiere que haya pan barato en la mesa de todos los argentinos y, a la vez, trabajo para los peones rurales? Saque las regulaciones que impiden que se plante trigo, el mejor trigo del mundo, en el sur.

Y podría seguir ejemplificando por párrafos y párrafos.

Habiendo miles de formas para aumentar la demanda, en Argentina solo se utiliza una: el aumento de los empleados y sueldos del Estado, financiados por la inflación. Es lo único que han sabido hacer administración tras administración en los últimos 80 años.

Podemos discutir y/o probar si las medidas propuestas sirven. Pero la única recontra probada que no funciona es generar inflación. Y es la única en la que se insiste. Tus viejos vivieron la hiper de los setentas, vos (o tus hermanos más grandes) vivieron la hiper del ’89 cuando eran chicos. ¿De verdad creés que la inflación puede beneficiarte a vos o al “pueblo argentino”?

Como dijo Say hace más de 200 años: para demandar primero hay que ofertar. Entonces, si queremos demanda (tanto local como internacional), tenemos que generar ofertas enormes de bienes y servicios lo más baratos posibles. Y cuando una gran parte de los costos son burocracias, ¿adiviná cuál es la parte que, por lógica, hay que cortar? Exacto, la que no le aporta absolutamente nada a los productos y servicios.

Bola de Demanda

Todos generando La Gran Bola de Demanda

¡Menos Tomada en 678, menos Débora Giorgi y Moreno generando un mercado cautivo para sus amigos, menos sindicalistas en Puerto Madero, menos Boudou y Marcó del Pont imprimiendo billetines y más demanda!

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