Vivir con lo nuestro (II)

En este artículo explorábamos la ridícula idea de la autosuficiencia dentro de un país. Vamos a seguir trabajando sobre la idea del proteccionismo, tomando ahora otro enfoque.

El argumento proteccionista dice que cerrar las fronteras —a través de barreras arancelarias, cuotas de importación, o directamente prohibiciones—es beneficioso, porque fomenta el desarrollo de la industria local.

Divide y vencerás

Sin embargo, si hacemos un análisis histórico, podemos ver que las fronteras son totalmente accidentales. Si una batalla hubiese tenido un desenlace distinto, quizás Uruguay formaría parte del territorio argentino, o Formosa y ciertas zonas de Brasil seguirían perteneciendo a Paraguay (si resultaba victorioso en la Guerra de la Triple Alianza), o el gobierno argentino tendría soberanía sobre las Islas Malvinas.

El argumento proteccionista, si pretende resistir un análisis, debería funcionar sin importar la distribución geopolítica del momento. ¿Qué pasaría entonces si hubiese habido una guerra civil, y el país estuviera atomizado en lo que ahora son las provincias?

Nos despertamos en una provincia —ahora país— cualquiera de la Patagonia, con la intención de ir a desayunar y leer el diario. Nos encontramos con que el diario es más caro, porque el papel está hecho con caña de azúcar, que se cultiva y procesa en Jujuy. Como, por las condiciones climáticas, es imposible producirlo en la Patagonia, no queda otra que importarlo, pagando los impuestos correspondientes. También “nos desayunamos” el hecho de que el desayuno subió de precio. La opción a, café con leche y medialunas, requiere de café importado (de Brasil, México, Colombia, etc., porque la pequeña producción de Chaco, Corrientes, Misiones y Salta apenas alcanza para autoabastecerse), ahora también leche importada de la zona pampeana, y harina y manteca importadas de la misma zona para hacer las medialunas. Para endulzar el café, también tenemos que importar azúcar. La opción b, tostado de jamón y queso con exprimido de naranja, subió de precio también. El pan se hace con harina proveniente de la pampa, al igual que el queso. El jamón podría ser local, pero sería más caro igualmente, porque los cerdos son alimentados con maíz y soja principalmente, que ya sabemos de dónde vienen. Las naranjas se producen en su mayoría en Tucumán, así que el jugo está más caro también.

Enfilamos para la facu o la oficina en Capital Federal (que es parte del país Buenos Aires), puteando porque el bondi aumentó, ya que para fomentar la producción de petróleo local se le agregaron impuestos a la nafta que viene de la patagonia[1]. Nuestros insumos tipo cuaderno están también más caros, porque ahora el ciclo productivo cruza dos fronteras hasta llegar a la librería: el papel se produce en Jujuy, y se transforma en cuadernos en la planta Ledesma de San Luis.

Abrimos el local en Entre Ríos, y ponemos la radio de fondo. ¡Cómo extraño escuchar Los Redondos! Con las nuevas regulaciones, tiene que sonar un 70% de música nacional en todas las emisoras. Te tiene que gustar el chamamé, sino vas muerto.

Hacemos el break para almorzar en Mendoza. La milanesa con papas fritas aumentó jodido, porque solo el 10% de los animales que se consumen son criados en la provincia-país (¿¿por qué carajo no hay vacas en Punta de Vacas??). Pero bueno, ¡estamos ayudando a la ganadería local! Todo sea por la patria. Y las papas vienen casi todas de Balcarce. Si para el postre queríamos, como antes, una fruta que venga del Valle de Río Negro, cagamos, porque en cada bendita hectárea de la provincia estamos cultivando uvas, y no hay espacio para otras frutas. ¡Uvas serán, pues!

Reanudamos la jornada laboral en la fábrica del conurbano. Cayeron las ventas de autos, porque nos vimos obligados a aumentar los precios. La aduana le puso trabas al aluminio que viene de Aluar en Puerto Madryn, Chubut, y lo estamos pagando casi un 100% más caro. ¿Cuánto falta para que abran una planta de producción acá en Buenos Aires? Y menos mal que los de Aluar sacan la energía de la represa de Futaleufú, que está en la misma provincia-país, imaginate lo caro que estaría el aluminio si aparte tuvieran que importar esa cantidad de kiloWatts. El quilombo lo tenemos nosotros; el Parque Industrial no se auto-abastece ni por casualidad, y el comprar energía “de afuera” también contribuye al aumento de precio de nuestros productos.

Un cortecito para el mate. ¡Cómo aumentó la yerba! ¿Tanto les cuesta a los dueños de los campos bonaerenses generar artificialmente un clima subtropical para cultivar yerba mate? Digo, así no hay que importarla de Misiones. Y bueno, también ahora el alfajor Havanna, por más que sea más caro, es “la que va”, porque no les vamos a dar el gusto a los vecinos de consumir alfajores santafecinos.

Menos mal que hoy es viernes, y el plan acá en Córdoba es ir a comer a un restaurant y después ir al cine. Mi menú favorito aumentó también, porque por un lado está difícil criar merluza en agua dulce y hay que importarla (garpando el 50% de impuesto que se le puso, cuya recaudación se destina en subsidios para fomentar la crianza en piletas de agua salada acá), y por el otro ahora hay que pagar el impuesto a los vinos que vienen de San Juan y Mendoza. El plan b era la empanada salteña, pero como no quiero que me tilden de “cipayo vendepatria” por querer extranjerizar nuestras costumbres culinarias, no lo pido. Y el cine, últimamente, una cagada. Antes todas las pelis venían de Buenos Aires o directamente de Hollywood o Europa, pero como pusieron una cuota máxima de películas foráneas en las salas, para ayudar al cine local, tenemos que conformarnos con la pedorrada que se filma acá. ¿Cuántas pelis con la banda sonora hecha por La Mona Giménez nos vamos a tener que bancar?

Nos vamos a dormir en La Pampa, pensando en el laburo que tenemos que hacer mañana en la casa que nos estamos construyendo: hay que terminar de poner el piso nuevo, que desgraciadamente nos salió el doble de caro porque hubo que importar los céramicos de Zanón, en Neuquén. Lo bueno es que cuando terminemos hacemos el asadito para festejar. Vaca va a tener que ser, porque el forro del Guillermo Moreno pampeano no nos deja pasar el cordero patagónico por la aduana.

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[1] Y este arancel afecta a toda la producción agrícola, altamente dependiente del petróleo, encareciendo por partida doble los productos alimenticios, que tienen que volver a cruzar la frontera para volver a la Patagonia.  

Vivir con lo nuestro (I)

La imagen esconde otra metáfora: para el Estado, sos sólo un engranaje.

Cada vez que nos quejamos diciendo que ciertos productos tecnológicos como celulares, cámaras de fotos, electrodomésticos o computadoras no se consiguen en el país (o tienen precios un 100% o 200% más caros respecto de donde son fabricados o de países con aduanas más laxas), ahí está el progre nacionalista diciéndonos que somos unos egoístas “porque no pensamos en la industria nacional”.

Saltando los pasos en donde nos cuestionamos si esas líneas imaginarias llamadas “fronteras” delimitan algo más que hasta dónde saquea un gobierno y dónde empieza a saquear el otro, si los impuestos son morales o si es legítima la autoridad de las aduanas, es interesante detenernos en la idea de “vivir con lo nuestro”.

Nosotros, como individuos, no cultivamos nuestra propia comida, no diseñamos/construimos nuestras casas, no necesariamente hacemos el mantenimiento de plomería o electricidad, no nos cortamos el pelo nosotros mismos, no filmamos nuestras propias películas ni escuchamos nuestra propia música, y un largo etcétera. Tiene mucho más sentido —y otorga mejores resultados— que cada uno se especialice en una cierta cantidad de habilidades, y delegue el resto de las tareas en otros individuos. Así, conectándonos a través del comercio, todos cooperamos para una sociedad mejor, obteniendo el máximo beneficio individual y grupal. Es mucho más rentable trabajar 3 o 4 horas en nuestra especialidad y contratar a un técnico, que pasar varios días haciendo una instalación eléctrica (sin contar los riesgos a nuestra seguridad por falta de experiencia).

Es de esperarse que esto mismo se aplique en un nivel macro.

Así como algunos individuos —por sus capacidades innatas, su crianza, y/o sus pasiones e intereses— tienen mayores capacidades para el arte, los deportes, la ingeniería, las relaciones interpersonales, etc., es de esperarse que los países —por sus recursos naturales, su historia, sus costumbres y/o su ideosincracia— tengan también áreas en las que se desempeñan mejor que en otras.

Sin embargo, en muchos países estamos obsesionados con la idea de la autosuficiencia, sobre todo en el sector de las manufacturas. Acá tenemos este programa de los 80’s, en donde Milton Friedman debate con un proteccionista. El artículo que usan de ejemplo es una videocassetera proveniente de Japón, que amenazaba a los productores locales. Ahora, lo que señala Friedman es que realmente no es importante que no haya VCR’s estadounidenses, ya que Hollywood es el productor n°1 de películas, y recauda por lejos muchísimo más dinero que la industria de los aparatos.

Competir con China en productos tecnológicos y baratos es lisa y llanamente imposible. Además, es innecesario.

Industria nacional made in china

Tomemos el caso de Australia, una de las economías más libres del mundo, y también de las más prósperas: cualquier producto que uno encargue de afuera llega sin inconvenientes ni impuestos adicionales. ¿Qué hacen? Se dedican a la agricultura, la ganadería, la minería, una pequeña industria liviana de ensamblado de autos, el turismo, y el área de servicios. Todo lo demás, lo compran de afuera.

Ahora, el caso de la India: durante años era imposible meter una computadora de 500 dólares a través de la aduana. Conseguir el permiso era una odisea. ¿La excusa? Proteger la (en ese rubro puntual, inexistente) industria nacional. Después de una reforma liberal y cierta apertura de los mercados, India no fabrica computadoras pero tiene uno de los polos de desarrollo de software más importantes del mundo, que mueve miles de millones de dólares.

¿Cuáles serían las potenciales áreas de desarrollo de Argentina, si no fuéramos tan necios y abandonáramos la aventura quijotesca de querer fabricar un blackberry nacional y popular?

Todo lo que es campo y su industria (maquinaria, fertilizantes, etc.), e investigación y desarrollo relacionados. Energía. Recursos naturales. Turismo. En el área de los servicios: al estar fundada en base a inmigración, la sociedad argentina es muy rica en idiomas, con lo cual se pueden ofrecer todo tipo de servicios de atención al cliente hacia el extranjero. También es altísima la cantidad de profesionales de diseño, multimedia, programación, etc. Además, al estar en el mismo huso horario que E.E.U.U. y ser similares culturalmente, se hace mucho más sencillo establecer relaciones comerciales. Todo esto sin contar los servicios para la población local. ¿Cómo se puede competir en las manufacturas? Ofreciendo, por ejemplo, altos niveles de customización o soporte técnico.

Éstas, sin embargo, son sólo mis hipótesis ¿Qué pasaría con el cine nacional, si se le quitaran las trabas a las cámaras, luces, computadoras, etc.? ¿O con la producción discográfica, si se permitiera la libre entrada de instrumentos, micrófonos, consolas, etc.? Las posibilidades son infinitas. Cada persona y país puede y debe encontrar su nicho.

Cuatro mitos acerca del comercio internacional

‎”No necesitas un tratado para tener libre comercio.” Murray Rothbard

Las exportaciones deben superar las importaciones

Importar más de lo que uno exporta es la situación ideal para cualquier país. Así como poder consumir sin trabajar es la situación ideal para cualquier persona. Pero la realidad, es que para poder importar, primero es necesario exportar. Si en un país las importaciones exceden las exportaciones, esa diferencia está siendo ajustada por los ingresos de capital, ya sea por inversiones extranjeras, royalties, etc. En definitiva, el objetivo de nuestras ventas son nuestras compras, y no acumular divisas, jactándose de objetivos netamente mercantilistas que ya han sido dejados de lado por todo el mundo en el s. XVIII. Es importante destacar que esta situación de equilibrio se da en un mercado que no es intervenido por el gobierno, ni con la implementación de políticas arancelarias, ni con la manipulación del tipo de cambio, o mediante subsidios proteccionistas.

 

El proteccionismo promueve el empleo.

Es verdad que una política de barreras a la importación generará empleos en un determinado sector, donde antes se importaba. Lo que no se tiene en cuenta es que muchas otras oportunidades de empleo, que ahora no existen, se crearían en este país si la gente pudiera comprar productos importados y gastar el dinero que antes gastaban en las barreras arancelarias (a través de la compra de productos beneficiados por estas) de otra manera. Se generaría mas empleo en otro sector que tiene una demanda real, se generarían nuevas industrias al haber mas dinero disponible para el consumo, y el capital dilapidado en industrias protegidas podría ser utilizado en proyectos verdaderamente rentables.

Las protecciones arancelarias logran industrializar la economía.

La teoría de que una política contraria a favorecer el librecomercio protege “industrias incipientes” es uno de los principales caballitos de batalla de inescrupulosos “empresarios” que pretenden enriquecerse a costa del resto de la sociedad. Dejando de lado el hecho de que una vez establecidos los aranceles estos suelen tornarse eternos y que por lo general este tipo de industrias no se desarrolla, el efecto que genera es más bien que el “empresario” se termine enfocando en como perpetuar sus privilegios, antes que pensar como satisfacer las nuevas demandas de sus consumidores. De esta manera obliga al resto de la comunidad a destinar más recursos a ese “producto protegido” dejando de consumir en otros sectores, o sin poder acceder a dicho producto, de esta manera condenando al grueso de la sociedad a disminuir su nivel de vida.

Proteccionismo regionalizado

Reciprocidad

Muchos adversarios del libre comercio aluden a la falta de reciprocidad en las apertura del comercio para no emprender un camino hacia la libre circulación de bienes.

La reciprocidad es un factor fundamental para el comercio por el hecho de que para poder importar hay que primero exportar, absolutamente todo el mundo para poder comprar algo primero tienen que vender otra cosa, excepto, claro está, el gobierno.

Sabidos los beneficios del libre comercio, sería absurdo rechazarlos solo porque la otra parte no los aprovecha. Por ejemplo, si los lecheros no quieren comprar trajes a los sastres, mala decisión sería la de la del sastre que trate de autoabastecerse de leche o se abstenga de consumirla por la falta de reciprocidad. Si el lechero le vende al panadero, y con este intercambio puede comprar al lechero, el sastre saldrá ganando y solo perderían los lecheros que decidieran fabricarse sus propios trajes.

Los héroes de Galería Jardín

Los individuos tienden, en general, a relacionarse de manera pacífica. El comercio es, por excelencia, una de esas maneras. Las características  de un intercambio voluntario de bienes o servicios por otros bienes o servicios (o el dinero que obtuvimos por ellos) son únicas, dos personas cooperan mutuamente sin saberlo y ambas valoran más lo que reciben que lo que ofrecen, según sus propias percepciones.

Si éstas transacciones fuesen libres de cualquier intervención de un tercero, entonces podríamos afirmar que estamos ante una sociedad libre y pacífica, aunque en estos tiempos aparece en escena un tercero en discordia que juega con su propio reglamento.

Me refiero, por supuesto, al Estado. El Estado es un tercero que se entromete en esta interacción voluntaria y que exige su parte, como si tuviese derecho alguno sobre la propiedad ajena.¿Cuál es la contraprestación que ofrece el estado para tomar esa parte? Ninguna, o peor, violencia, imposiciones, encierro.

Esta situación se puede ver todos los días en el sitio de la AFIP, cuya función principal es jactarse de haber irrumpido en la paz del comercio, de haber agredido a aquellos que interactuaban de manera libre, de haber incorporado a ese acuerdo una dosis de violencia. En el dia a dia, este uso de la fuerza por parte del estado se ve reflejado en números, operaciones mátematicas y siglas (IVA, IIBB, AFIP, DGI, etc.), sin embargo muchas veces esa violencia emerge con toda su furia y se la puede ver en su estado más puro. Es el caso del allanamiento llevado adelante por  la AFIP en Galerías Jardín: 

La AFIP realizó ayer 35 allanamientos y detuvo a nueve personas en una investigación sobre maniobras que involucrarían un fraude impositivo por cien millones de dólares

El operativo se inició a primera hora de la mañana y alcanzó a 35 comercios y domicilios particulares en Ciudad Autónoma, Córdoba y Rosario. Quedaron detenidas seis personas en Buenos Aires y tres más en Córdoba. Dentro de este último grupo se encontraría el cabecilla de la banda. En los procedimientos se secuestraron también varios vehículos. Los directivos de la Cámara Argentina de Comercio (CAC) expresaron ayer su satisfacción por las inspecciones.

Qué mas claro que hombres de uniforme, armados, secuestrando gente y mercadería como contraposición a los acuerdos voluntarios que estaban celebrando segundos atras.

En este caso iban por unos hombres que entorpecían la expoliación estatal y facilitaban bienes evitando las costosas barreras que pone el estado entre la prosperidad y la gente: los contrabandistas.


El contrabandista es aquél que intenta minimizar el ingrediente estatal de las relaciones voluntarias, es aquél que mediante conductas pacíficas, aunque tipificadas ilegales por el ordenamiento jurídico, intenta eludir los controles estatales, ofreciendo de forma voluntaria los bienes que el estado se empecina en obstaculizar por diversos motivos. Los beneficios de sus actividades se ven reflejados en precios más bajos de los que se ofrecen mediante las vías legales. Los funcionarios nunca van a ver estos beneficios, son los pobres, los que no pueden contrabandear ellos mismos por falta de capital, los que aprovechan de los servicios brindandos en el mercado negro.

Walter Williams lo resume de manera brillante:

Los contrabandistas son unos héroes. La esencia de su mensaje es ésta: “Los tiranos que manejan el Estado quieren impedir o dificultar los intercambios libres y pacíficos entre individuos. Yo sé paliar el impacto de esa injerencia”.

O como dice el Destructor de Mitos, en su elogio al contrabandista:

Cuando un estado cierra la economía o restringe de cualquier otra forma el comercio, lo que hace es desigualar. El estado regulador quita derechos a unos para hacerle la vida más fácil a otros (es decir, a las empresas protegidas). Y aquí aparece el contrabandista para equilibrar la situación, devolviéndole parte de sus derechos a los desposeídos y compitiendo contra los privilegiados. Ciertamente, el contrabando es ilegal, pero al mismo tiempo rebosa de justicia social.

Pero a pesar de todos los beneficios sociales que prodiga, ser contrabandista no es fácil… porque estar en contra del estado (y de su maquinaria de violencia) no lo es. El contrabandista debe estar dispuesto a asegurarse la lealtad de sus asociados y contrapartes y también a vivir en las sombras. Si el Estado lo descubre, sus días como contrabandista acaban súbitamente (y, quizás, también sus días como individuo libre).

Aunque normalmente no se encuentra valorada, su función social es inestimable: es un límite real y permanente al poder dominante.

Todo aquel que quiera una sociedad diferente (sea liberal, socialista, anarquista o comunista) debería considerar a los contrabandistas como verdaderos héroes. Ellos son la avanzada del cambio, los peones que hoy se sacrifican para ganar el juego en el futuro.

Después de todo, ignorando leyes se hicieron y se harán mejores sociedades.

Ya comentamos acerca de la inmoralidad del proteccionismo y en diversas oportunidades  [12345,] mencionamos lo estúpido que es emprender en estas prácticas. Hoy fue el turno de esos personajes, denostados por el estado, denostados por los amigos del poder, que se benefician de la violencia estatal en su favor estafando a todos, especialmente a los mas pobres,  hoy fue el turno de eso héroes anónimos: los contrabandistas. Salud!

Palabras, tan solo palabras…

Muchas veces decimos palabras como “suerte”, “cuidáte” o “un gusto” cuando nos despedimos de alguien. Muchas veces también, ni conocemos a esa persona o resulta ser alguien que recién nos presentaron. Y salvo en algunas ocasiones donde lo decimos con verdadero sentido, estos vocablos se usan por simple rutina, para quedar bien, dar una buena imagen, o simplemente para cumplir con el protocolo.

Exactamente lo mismo hace la Presidente Cristina Fernández de Kirchner al invitar a los empresarios italianos a invertir en Argentina.

Palabras y Negocios

Luego de que el mismo Néstor terminara de destruir la confianza que el ahorrista italiano tuvo en el país antes del 2001, nadie puede pensar que el pedido de Cristina sea realmente algo sentido o, mínimamente, algo serio. Sin embargo, sí podemos interpretar su invitación como parte de una rutina o un protocolo.

Es decir, al igual que cuando decimos “suerte” por decir algo, CFK invita a la inversión a algunos italianos (olvidándose que frente a otros no podría ni aparecer) porque eso es lo que hace con todos los países que visita. Por supuesto, todos tomamos esto como lo más normal del mundo. ¿Para qué viaja el presidente si no es para propiciar buenos negocios para el país?

Ahora bien, como tantas otras cosas, puede suceder que tomemos algo como normal cuando en realidad no lo es. Y también puede suceder que esa normalidad sea, en realidad, un gran absurdo, una gran injusticia.

Si personalizamos un poco más la faena de la presidenta en Italia, podremos darnos cuenta que éste es el caso.

En definitiva, ¿qué tiene que hacer el presidente ampliando los negocios de nuestros millonarios empresarios argentinos? ¿En qué Constitución está escrito que la tarea de Cristina Fernández debe ser mejorar el vínculo entre la Cofindustria Italiana y la Unión Industrial Argentina? ¿Qué criterio de justicia se usa cuando los impuestos pagados por los más pobres se destinan a viajes y simposios carísimos destinados a incrementar aún más el nivel de actividad de los empresarios más ricos y más organizados de ambas latitudes?

Gobierno y Negocios

Los gobiernos fueron creados entre los hombres para proteger nuestros derechos más elementales. Para esto, cuentan con el monopolio de la fuerza que debe usarse solamente para evitar que un individuo tome posesión de mi casa, de mi auto o –peor- de mi novia o mi hermana [1].

Desde este punto de vista, el gobierno es un organismo torpe que entiende en términos de coerción, de imposición y, hasta donde sabemos, ni Thomas Edison ni Bill Gates decidieron crear sus revolucionarios negocios a partir de la coerción o la imposición.

Por otro lado, el gobierno es, por naturaleza, un organismo que restringe nuestra libertad. Como tal, lo único que puede hacer con las relaciones comerciales es trabarlas, no fomentarlas ni promoverlas. Las palabras de la Presidenta, ergo, son análogas al “cuidáte” que le decimos a una persona que no vamos a ver nunca más: están totalmente vacías de contenido.

Engaño, arbitrariedad e injusticia

Sin embargo, si admitiéramos por un segundo que estas cenas protocolares aportan algo al comercio internacional, todavía tenemos que resolver quiénes participan y por qué. ¿Por qué asiste De Mendiguren y no el carpintero de Villa Devoto? ¿Acaso él no podría beneficiarse igual de un acuerdo comercial con inversores italianos? ¿Por qué no voy yo y firmo la inversión en difundir lacrisisesfilosofica.blogspot? ¿Acaso no daré trabajo a muchos que empapelarán la ciudad con mi cara?

Cuando el gobierno “fomenta” las relaciones comerciales, no sólo predica sin contenido, sino que asume el papel arbitrario de seleccionar a un grupo de favorecidos y, además, utiliza el dinero de los más pobres para financiar el lobby de los más ricos.

Así las cosas, creo necesario que el gobierno vuelva a hacerse cargo de aquello que verdaderamente le compete para que los “empresarios afines” entiendan verdaderamente qué significa ser dueño de una compañía.

 


[1] En este caso el delito no es contra mi propiedad sino contra el derecho de mi novia o mi hermana de ser dueñas de sí mismas.

Una guerra en la que nadie gana

Me acabo de arrepentir del título que elegí para este post, en las guerras nadie gana, excepto un grupo de privilegiados, muy cercanos al estado, que se benefician de las guerras. En las guerras militares, estos son los que pertenecen al llamado complejo militar-industrial. En las guerras comerciales, los que se benefician no son muy distintos, también relacionados con el estado, son las oligarquías industrialistas, ya sean grandes empresarios o PyMEs que promueven la implementación de medidas proteccionistas que beneficie a ellos a costa del resto de la sociedad.

Las guerras comerciales son fruto del manejo de conceptos económicos erróneos (balanza de pagos (o acá), por ejemplo) por parte de políticos y economistas del establishment, que cómo consecuencia traen aparejados la toma de decisiones equivocadas con consecuencias perjudiciales para sus propios países.

Las medidas proteccionistas impulsadas por la presidenta, Guillermo Moreno, la ministra de industria, Giorgi, y compañía fueron el casus belli de esta confrontación: el endurecimiento de las trabas comerciales a productos brasileños. Los dos damnificados de esta medida fueron por un lado empresarios brasileños, por el otro consumidores argentinos que podían acceder a productos mas baratos o de mejor calidad proveniente de Brasil.

Otro tipo de guerra, no tan distinta a la guerra comercial entre Brasil y Argentina.

En respuesta el gobierno de Brasil redobló la apuesta al privar a los empresarios argentinos de exportar sus productos a Brasil, y además privando a los propios brasileños acceder a los productos que se producen en Argentina.

Imagínenlo de  esta manera: el gobierno argentino decide bombardear las ciudades mas importantes del país, ante esta actitud Brasil opta por hacer lo mismo con sus propias ciudades. En definitiva, ésta, como todas las guerras son auto-destructivas.

Un último comentario respecto de todo este asunto. Brasil y Argentina se lanzan acusaciones de ser proteccionistas entre si, ya que según un acuerdo firmado entre ellos y otros países (el MERCOSUR) se comprometieron a otorgar ciertas facilidades para que ciudadanos de los paises miembros del acuerdo, puedan comerciar sin trabas y de forma amistosa. Claro que esto no es una política de libre mercado ni mucho menos, tan solo es más de lo mismo:proteccionismo, solo que esta vez a  nivel regional.

Un verdadero acuerdo de libre comercio puede llegar a tener hasta tres párrafos, uno introductorio, otro donde se declare el libre comercio, y el último referido a cuestiones formales, todo lo demás es proteccionismo en mayor o menor medida, y el hecho de apoyarlo es ser cómplice de la pobreza, los bajos niveles de vida que existen en los países sub-desarrollados y el enriquecimiento de los oligarcas industrialistas saqueadores del resto de la sociedad.

¿Soy un oligarca más del aparato estatal?

En ocasiones supuestos defensores de la libertad han participado en trabajos, que viéndolo desde nuestra comodidad, aparentan inconsistentes con su pensar. Alan Greenspan como presidente de la Reserva Federal en los Estados Unidos podría ser uno de tantos ejemplos.

Bajando de nivel y llevandolo a mi caso, más allá de alguna que otra empresa a la que cobro trabajos de consultoría de sistemas (IT), mi fuente de ingreso principal es como empleado en relación de dependencia en un grupo empresario dedicado al comercio exterior; fletes, deposito y logística, pero sobre todo, aduanas (derechos de importación, retenciones, licencias no automáticas) y papeleo ante el Estado, también desde el lado IT.

A medida que me empapaba en esto de la filosofía de la libertad en simultáneo crecía en mí cierta culpa por mi actividad laboral:

  • Agrego costos al producto que se esta importando o exportando pero tanto comprador como vendedor se desprenderían de dicho costo si no fuese que están amenazados coercitivamente por agentes del gobierno.
  • Mi empleo no es productivo, no produzco bien o servicio deseado alguno, al menos no voluntariamente.
  • Mi servicio indeseado en condiciones de libertad no sería necesario, solo existe para satisfacer las regulaciones y burocracia de nuestra clase política.
  • Si bien mi sueldo no es fruto de impuestos extraídos por la fuerza, es un servicio realizado por una empresa privada pero requerido por la fuerza por el gobierno. ¿No tiene eso algo de corporativismo?

Entonces:

  • ¿Soy uno de los beneficiados por el sistema que repudio?
  • ¿Soy un oligarca más del aparato estatal?

Luego, tal vez para estar en paz conmigo mismo, intente mirarlo desde otra óptica:

  • Muestro al cliente como ser saqueado lo menos posible, pagando menos derechos de importación eligiendo minuciosamente la posición arancelaria con la cual identificar al producto, utilizando zonas francas, realizando amparos para evitar los abusos de Guillermo Moreno, etc.
  • Sin mi trabajo el producto no llegaría al mercado local o no podría llegar a otros mercados. Esas fronteras o líneas imaginarias que nos imponen los Estados serían muros mucho más sólidos.
  • Mi trabajo de una u otra forma sortea las complejidades de la legislación y permite que la voluntad de las partes, si bien con un costo adicional, pueda llevarse a cabo.

Si son o no buenos argumentos se lo dejo a ustedes, yo logré dormir tranquilo…

Elogio al contrabandista

El siguiente texto fue publicado el 4 de noviembre de 2008 en Destructor de Mitos. Un sitio a cuyo autor agradezco porque junto a No me Parece fueron las primeras fuentes en Argentina donde veía reflejado esto de los “libertarians” de los cuales leía en internet y a quienes se asemejaba mi pensar.

Un espectro se cierne sobre el estado: es el espectro del contrabando. Contra ese espectro se han conjurado en santa jauría todas las potencias del viejo sistema social-estatal.

Los contrabandistas son personas que no esperan migajas de libertad, sino que toman lo que les corresponde y lo comparten con el resto.

El contrabandista simplemente ignora las imposiciones del estado. Hace de cuenta que este último no existe y, bajo las sombras, concreta lo que la voluntad del poderoso no quiere que exista.

Aduana
El aparato policial del Estado “cuida” las fronteras de los “peligrosos” contrabandistas.

El contrabandista es un verdadero liberal y, a la vez, un revolucionario de los pies a la cabeza.

Practica el libre-comercio más extremo, eludiendo todas las regulaciones, todos los impuestos y toda restricción.

Al mismo tiempo, su actividad es claramente revolucionaria, ya que erosiona las bases mismas del sistema social en vigencia. El contrabandista es el gran enemigo de los burgueses, porque toma su función pero desprendiéndose de la tutela estatal. Es un proletario que se ha cansado de serlo y quiebra todas las leyes para llegar al nivel del burgués. De ahí que los burgueses sean los primeros en extender el dedo acusador hacia el contrabandista. Son ellos, los burgueses, quienes no dejan de pedir el socorro estatal ante la “competencia desigual” del contrabando. Pero esas acusaciones son mentirosas, porque el contrabandista hace exactamente lo contrario: destruye la competencia desigual.

Cuando un estado cierra la economía o restringe de cualquier otra forma el comercio, lo que hace es desigualar. El estado regulador quita derechos a unos para hacerle la vida más fácil a otros (es decir, a las empresas protegidas). Y aquí aparece el contrabandista para equilibrar la situación, devolviéndole parte de sus derechos a los desposeídos y compitiendo contra los privilegiados. Ciertamente, el contrabando es ilegal, pero al mismo tiempo rebosa de justicia social.

El contrabandista puede ser considerado una suerte de comunista porque, además de enfrentar a la burguesía en su propio terreno, con su función da cumplimiento a la máxima “a cada cual según sus necesidades”. Aunque el Estado, los poderosos o la “sociedad burguesa” no lo quieran, el contrabandista provee a quien solicite su asistencia. ¿Se necesita tecnología extranjera prohibida? Ahí estará el contrabandista brindándola. ¿Alguien quiere drogas para ocultar su vida entre delirios? El contrabandista, amablemente, será su proveedor. ¿El clima de inseguridad hace que las familias requieran una protección adicional contra delincuentes? Las armas vendrán gracias al contrabandista. ¿Los automóviles importados son artificialmente caros debido a los altos aranceles? Los servicios de los contrabandistas harán que se ahorren miles de dólares.

También puede pensarse en el contrabandista como anarquista, porque tal como se dijo antes, le importa poco y nada el sistema estatal. De hecho, rendir tributo, es decir, pagar impuestos, no aparece entre sus necesidades. Y da así un golpe letal al Estado.

Pero a pesar de todos los beneficios sociales que prodiga, ser contrabandista no es fácil… porque estar en contra del estado (y de su maquinaria de violencia) no lo es. El contrabandista debe estar dispuesto a asegurarse la lealtad de sus asociados y contrapartes y también a vivir en las sombras. Si el Estado lo descubre, sus días como contrabandista acaban súbitamente (y, quizás, también sus días como individuo libre).

Por ello, el contrabandista debe ser duro y algo violento. Debe hacerse respetar e infundir miedo para evitar las traiciones. De ahí su mala fama.

No obstante, el contrabandista es un agente de cambio social. Es alguien que quiere algo e intenta concretarlo sin importarle la opinión ni la autoridad de los demás. Es alguien que no se conforma con el status quo y por eso trabaja afanosamente por una sociedad distinta. Por supuesto, a veces en forma inconsciente.

Aunque normalmente no se encuentra valorada, su función social es inestimable: es un límite real y permanente al poder dominante.

Todo aquel que quiera una sociedad diferente (sea liberal, socialista, anarquista o comunista) debería considerar a los contrabandistas como verdaderos héroes. Ellos son la avanzada del cambio, los peones que hoy se sacrifican para ganar el juego en el futuro.

Después de todo, ignorando leyes se hicieron y se harán mejores sociedades.

Si te gusto el post pueden llegar a interesarte estos links o libros (no existe traducción, versiones en PDF gracias al Partido Liberal Libertario):

¿Comprar barato es malo?

Ayer les comentaba sobre el autoritarismo económico a partir de medidas antidumping sancionadas por el Ministerio de Industria que despertaron una sensación de jolgorio en Jorge, el presidente de la empresa beneficiada:

“Nos congratulamos de la Resolución final de la investigación, tanto por nuestra empresa como por toda la Industria Nacional y nos comprometemos –afirmó el titular de la firma – a continuar produciendo en la Argentina pequeños electrodomésticos (estufas, procesadoras de alimentos, batidoras, licuadoras, ventiladores, etc) con la calidad, la innovación y la responsabilidad que nuestra trayectoria que el mercado nacional ha comprobado desde hace ya más de 40 años”.

Lo primero que podemos decir sobre  esto es que a Jorge no le gusta competir, que para poder ganar dinero tiene que excluir a otras personas que, como Jorge, producen productos similares. A diferencia de los intercambios voluntarios donde todos los participantes salen beneficiados, esta medida para beneficiar a la empresa Liliana perjudica a muchísimos, a saber:

– Los restantes 45 millones de argentinos que no pueden acceder a productos mas baratos.

– Las empresas eficientes, con empresarios dispuestos a ofrecer un producto competitivo, que se ven perjudicados por que sus consumidores deben gastar mas dinero en la compra de productos beneficiados por barreras arancelarias.

– Los trabajadores de otros sectores que no pueden conseguir trabajo

Una protección arancelaria implica beneficiar a los sectores ineficientes de la economía a costa de los mas eficientes. También se podrá argumentar que una protección temporal para las industrias incipientes no es algo malo, una vez más el que sostiene esa posición esta equivocado, las protecciones temporales terminan siendo temporalmente eternas, y las industrias nunca terminan desarrollándose porque no tienen incentivos para hacerlo al no tener que competir.

En conclusión, este tipo de protecciones es solo una protección para la empresa o las empresas beneficiadas y un ataque a todo el resto de la sociedad que pretender vivir pacíficamente, sin imposiciones o privilegios típicos de épocas de monarcas y súbditos.

Prohibirá el gobierno las enfermedades?

Me estaba por quejar de una algo bien mundano,  el gobierno quería prohibir la importación de alimentos que tengan sustitutos producidos en el país, alguien que desconozca las leyes básicas de economía y le importe poco y nada el respeto por los derechos individuales, dirá que soy un burgués que llora por no poder comer su arenque alemán.

Pero que sucede cuando la misma lógica se aplica a los medicamentos?

La idea del secretario de Comercio es que las empresas dejen de importar aquellos productos que se producen en el país. “Moreno pidió que se deje de importar lo que se fabrica en el país; no gastar dólares en cosas que se hacen acá”, afirmó una fuente de la industria.

Ernesto Felicio, presidente ejecutivo de la Cámara Argentina de Especialidades Medicinales (Caeme), que agrupa en su mayoría a empresas multinacionales, abundó: “Se evalúa la posibilidad de producir localmente lo que se importa para mejorar la balanza comercial, aunque si producir algo es más caro que importarlo, no tiene sentido”.

Felicio,  por lo menos tiene cierto uso de la razón,  mientras que  el Secretario de Comercio, con el objetivo de equilibrar la balanza comercial (sobre lo absurdo de esto volveré otro dia) no duda en complicarle la vida a miles o millones de personas, todavía mas.

Tampoco es  que estemos a favor de la prohibición de alimentos pero cuando uno se queda de brazos cruzados mientras el gobierno avanza sobre algunos derechos humanos pronto se verá en presencia de que su libertad quedo restringida a muy, muy poco.

El próximo paso? Prohibir las enfermedades que se curan con medicamentos importados.

(Vía PL@FB)

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