Escombros del modelo: Subsidios

Es imposible negar la realidad todo el tiempo, en algún momento el rey se da cuenta que está desnudo, los castillos de naipes se derrumban con una leve brisa, y los soñados desaparecen cuando se despiertan sus soñadores. Sensaciones nuevas, y no tanto, para el modelo K.

De Vido y Boudu se enteran de que existe la realidad

La quita de subsidios es uno de los primeros pasos en el derrumbe del tan mencionado “modelo”, que a pesar de mantener el constante influjo de dólares verde soja, ya no puede sostener al Leviatán. Por eso mismo, hace algunas semanas se comenzó a anunciar la quita de subsidios, al sector de servicios públicos. Todo comenzó siendo un gran chiste, apenas un 0,87% de los subsidios iban a ser recortados. Ese era solo el principio.

La semana pasada, expandieron la quita a algunos barrios de la Capital y countries, hasta ahora la quita es de un 5,65 %. Apenas 3.900 millones de los 70 y pico mil millones de pesos en subsidios, o poniéndolo en números más comprensibles, si gastaban 1000 pesos  ahora gastan 56,5 pesos menos.

Al parecer, finalmente será a partir de hoy (y no del lunes pasado) que se podrá comenzar a renunciar a los subsidios aquellos que no los requieran, y los próximos meses solo se les mantendrá a aquellos que soliciten que se los mantengan, previo análisis de un organismo que todavía no se sabe cuál será.

Esta medida es apenás un temblor preliminar que anuncia lo que se viene, el sismo, las réplicas y el tsunami todavía esperan.

TANSTAAFL. La quita de subsidios no le debería causar sorpresa a nadie que entienda lo que quiso decir Robert Heinlein cuando escribió No hay tal cosa como un almuerzo gratis”.  Nadie puede evadir la realidad por un lapso de tiempo demasiado largo, y ese período está llegando al final. En realidad, todos sabían que los subsidios en algún momento tenían que eliminarse, la pregunta era cómo y cuándo. Si las cosas se cumplen como dicen, lo que dudo que sea cierto, será bastante rápido, aunque un puñado de personas, los que cobran una  jubilación mínima y los beneficiarios de la  asignación por hijo no tendrán que preocuparse, por el momento.

La solidez del modelo

Sin embargo no todas son buenas noticias. Si uno toma distancia y ve la big picture, se dará cuenta que la política de la quita de subsidios no se enmarca en la aplicación de cierta racionalidad económica, o un plan para reducir el gasto, los impuestos y el tamaño del gobierno. Eso, sólo en sueños. La quita de subsidios, planeada en 20.000 millones de pesos, es una parte menor de los 75.000 millones de pesos totales. Se elimina poco y queda mucho por eliminar.

La quita de subsidios tampoco significa una disminución  del gasto público, es solamente suspender el gasto en subsidios a los servicios públicos por el hecho de que mantenerlos era muy caro, al aumentar en un porcentaje importante todos los años. No habiendo una baja de impuestos, lo único que harán es continuar gastando ese dinero, que no les pertenece, en lo que a ellos les parezca mejor para sus ambiciones, y las de sus amigos.

Aequalitas ante legem. Algunos de los que se han manifestado en contra de los subsidios se quejaron de como se estaría violando la igualdad ante la ley al establecer que algunas personas recibirían subsidios y otros, no. Un argumento bastante endeble, y mucho menos si lo sostiene alguien que se considera liberal.

La igualdad ante la ley, en primer lugar, es en relación a los derechos que uno tiene. Al no existir  “derecho a ser subsidiado”, no existe un reclamo válido para que todos sean subsidiados. Lo que se está pidiendo ahí es, que expandan un privilegio. Además, ¿propondrían los mismos que se quejan ante la igualdad ante la ley que todos reciban la asignación por hijo o un plan trabajar, esgrimiendo ese argumento? No lo hacen.

Otra de las cuestiones que se estuvo analizando sobre la política de los subsidios es la injusticia que representan por consistir en una transferencia de recursos desde los sectores más pobres, de todo el país, hacía el distrito más rico, la capital. Este argumento no tiene ninguna importancia en la categorización de los subsidios como justos o injustos. Aún si el diseño del plan para subsidiar se modifica, y solamente se mantienen los subsidios para los que menos tienen, seguiría siendo injusto. Su injusticia radica en que son transferencias forzadas, en que no se tratan de acuerdos libres y voluntarios, sino imposiciones estatales, de lo contrario una transferencia de recursos de pobres a ricos, de forma voluntaria, no sería injusta  bajo ningún aspecto desde el punto de vista liberal.

¿Inflación? No, gracias. La quita de subsidios no sólo tendrá consecuencias en las cuentas del gobierno, sino también en las cuentas del hogar. En el diario La Nación señalan, de manera equivocada, un aumento de la inflación como consecuencia de esta medida:

Todavía el ajuste no llegó a su fin. El gobierno de Cristina Kirchner tiene en carpeta la eliminación total de subsidios para el gas, la luz y el agua también para las industrias, las empresas de servicios y los comercios, aunque proyecta hacerlo de manera segmentada y con una exhaustiva revisión sector por sector y empresa por empresa. La Presidenta tiene un gran temor: que el cambio provoque un fuerte impacto en los precios.

El periodista, Mariano Obarrio, en este caso incurre en el error de confundir inflación con un aumento de precios. La quita de subsidios no influirá en la inflación. No olvidemos que se trata de  una expansión de la oferta monetaria por sobre la demanda de dinero, que luego repercute en los precios, y no un aumento de precios per se. La quita de subsidios, en lo que si impactará es en los costos, en el cálculo empresarial, y en última instancia en los precios de la góndola. ¿Seremos ahora más pobres por consumir menos? No, vamos a seguir siendo igual de pobres que fuimos siempre, simplemente que no se va a poder seguir ocultando más esa pobreza, por lo menos en este pequeño aspecto de la economía.

La solución. La medida óptima que se debería tomar es eliminar con todos los subsidios, las regulaciones, las trabas para importar y exportar, bajar los impuestos, y otras medidas en ese sentido. Por supuesto que es irreal que algo así suceda, por lo menos bajo este gobierno en este momento. Sin embargo, en cuanto al sector de servicios públicos, son dos cosas que se podrían hacer para permitir que haya inversión en los diferentes sectores, disminuir las consecuencias de la escasez energética y de permitir innovación en el sector:

La solución: presionar el botón rojo.

1. En primer lugar, una desmonopolización de todos los servicios, permitir la libre competencia, por más que algunos afirmen que se trata de monopolios naturales.

2. Separar completamente lo que hoy se conoce como “servicio público” con el estado. Que las empresas proveedores de energía electrica, gas, agua, etc. funcionen como empresas privadas, sin estar supeditadas a control estatal, ya sea por sus tarifas, sus inversiones, o cualquier otro aspecto.

Pronto comenzarán a caer los primeros escombros del tan alabado modelo, no digan que no les avisamos.