Estados Unidos: una victoria entre la derrota

El triunfo del último martes de Barack Obama aclaró todas las dudas acerca de quien iba a liderar la nación más poderosa del mundo.  De hecho, esa era la única duda. Ya que en cuanto a las propuestas de los dos principales candidatos, el vencedor Obama y el republicano Mitt Romney, ofrecían versiones similares.  A ninguno de los dos realmente les molesta mantener abierto un campo de concentración en Guantanamo, las ejecuciones extrajudiciales de ciudadanos norteamericanos en el exterior, sin proceso previo ni derecho a la defensa, el sostenimiento de un verdadero imperio con 900 bases militares en 130 países, la expansión del gasto público, el bombardeo de  Afganistán, Irak, Yemen, Pakistan, Libia, y tal vez de más países en esta nueva etapa, el apoyo a los manejos discrecionales de la Reserva Federal, más salvatajes a empresas con dinero de los taxpayers, más endeudamiento, la continuación con la guerra contra las drogas la gente que consume sustancias prohibidas. Ni hablar que la mayoría de estas políticas van en contra de la propia Constitución que deciden defender.

Sin embargo, a pesar de los problemas de la democracia, el martes último  tuvieron lugar dos importantes decisiones en los estados de Colorado y Washington: la aprobación de la re-legalización de la marihuana, por medio de una consulta popular. Es que los americanos, además de elegir presidentes, diputados y, en algunos casos, senadores, también pudieron votar a favor o en contra de diversas propuestas que promueven ciudadanos, y ONGs a nivel estatal.

La producción, distribución y venta de marihuana volverá a ser legal en Colorado y Washington.

La re-legalización de la marihuana para uso recreativo en estos dos estados, los primeros de la Unión, se dará bajo un estricto marco regulatorio, con altos impuestos, y la necesidad de obtener una licencia estatal para poder venderla. En otras palabras, el cannabis pasará a ser regulado de una forma similar al alcohol.

Definitivamente es un gran avance, aunque sea un primer paso. El gobierno de Obama ya indicó que va a continuar persiguiendo los delitos alcanzados por la  legislación federal anti-droga, como viene haciendo en los estados en que fue legalizado su consumo para uso medicinal (como es el caso de California, entre varios), y ahora para uso recreativo (como las propuestas recién aprobadas en Colorado y Washington) también. A pesar de esto, la re-legalización de la marihuana abre las puertas para un debate más profundo sobre la razonabilidad y la ética de la guerra contra las drogas.

¿Qué se votó ayer en Colorado y Washington? La enmienda 64 aprobada ayer en Colorado, contempla la eliminación de las penas por producir, distribuir y vender marihuana, bajo ciertas condiciones (licencia estatal, impuestos, edad mínima, etc.), similar a la de Washington. Es decir, a diferencia de lo que sucede en Holanda donde solamente la venta minorista (y con un máximo de 5 gramos por personas) esta legalizada, en estos estados la legalización alcanza a todas las etapas de producción y distribución.

Es verdad que este es solamente un primer paso, y uno muy pequeño, sin embargo, este resultado debe ser analizado con optimismo. Los procesos de transformación social no se dan de la noche a la mañana, por eso es relevante una serie de cambios, pues es probable que estemos ante la piedra fundamental de una nueva etapa en el debate sobre las drogas en Estados Unidos y a nivel mundial.

Cuando se comienza a abrir la puerta que permite más libertad, la propia fuerza de la iniciativa genera que en muchos casos el avance de la libertad sea imparable. Un claro ejemplo de esto lo podemos encontrar en ocurrido en Berlín en 1989. Los berlineses orientales ignoraron los controles de frontera y terminaron por derribar el muro apenas escucharon las primeras noticias de que las restricciones migratorias habían sido aliviadas.

Otro ejemplo de un proceso de transformación social es el caso de la esclavitud. La esclavitud era una institución muy arraigada en muchas sociedades. Su eliminación fue progresiva. En el caso inglés se comenzó aboliendo el comercio de esclavos y, 25 años más tarde, se terminó por desterrar por completa la esclavitud en Inglaterra. Los abolicionistas no se opusieron a un avance parcial como el de 1807, pero tenían claro cual era su objetivo final. En este sentido la frase del famoso abolicionista norteamericano William Lloyd Garrison es muy clara: “Insta a la inmediata abolición tan seriamente como podamos, lo haré, ¡ay! será gradual la abolición al final. Nunca hemos dicho que la esclavitud sería derrotada con un solo golpe; que debería ser, siempre vamos a luchar”.

Volviendo al siglo XXI, ahora está en manos del gobierno federal optar por respetar los derechos individuales, o insistir con el fracaso de continuar promoviendo una política racista, que destruye familias, genera muertes absurdas y por sobre todas las cosas representa una flagrante violación a los derechos humanos.

Este es, sin dudas, el comienzo del fin.

ACTUALIZACIÓN:  En Reason explican con mas detalle en que consisten las propuestas aprobadas en Colorado y Washington. Mark Thornton también escribe sobre el tema para el Mises Institute. Acá, repasamos los efectos de la prohibición.

Contradicciones

Amigo de mis viejos, peronista de toda la vida, y ahora kirchnerista. A favor del régimen. Sin embargo, la última que hizo fue ir a Paraguay y comprar en Ciudad del Este infinidad de repuestos y chucherías para celulares, y meterlos de contrabando en el país, para que su negocio siga funcionando.

Papá de un amigo, Kirchnerista a viva voz. Se va de vacaciones con la flia. a Nueva York, tarjeteando a más no poder, para poder pagar con dólares al cambio oficial.

Amiga, anti-K. Putea porque paga casi 1.000 pesos de impuesto a las ganancias trabajando en relación de dependencia. Cuando le digo que el PL propone eliminar el impuesto a las ganancias (que hasta la reforma del 94 era inconstitucional), dice que no lo quiere eliminar, sólo quiere que levanten el mínimo imponible. Claro, para no ser ella quien lo paga.

Otra amiga anti-K: está de acuerdo con que los boliches no puedan vender alcohol después de las 5 de la mañana y cierren a las 6 por ley, así la gente tiene esa horita para ponerse sobria y a- no hagan quilombo sonoro que molesta a los vecinos, b-estén en condiciones de manejar de vuelta a su casa. Fin de semana siguiente: se vuelve a su casa manejando borracha.

La ley esta bien para todos, menos para mí.

Primer amiga anti-K, de vuelta: está de acuerdo con que por ley no se pueda fumar en bares y boliches. Sin embargo, no tiene problemas en fumar en cierto boliche que frecuentamos, en el que evidentemente tienen coimeado a algún inspector, porque fuma todo el mundo (salvo los no-fumadores como yo, que vamos igual porque tiene onda).

Misma amiga (no es que la tenga de punto, es que tengo muy fresca una charla): está totalmente en contra de que se legalicen las drogas, pero cada tanto se fuma un porro.

 

Hay veces que pienso que el mundo no tiene solución.

¿No deberíamos ser coherentes con las ideas que pregonamos? Creo que es el único camino hacia una sociedad virtuosa.

Los invito a compartir más contradicciones que los toquen de cerca; hoy estoy con ánimos masoquistas.

Usuarios vs. Adictos

Hace algunas semanas recibimos una invitación para ir a un “debate acerca de la despenalización de las drogas”. Más allá de que fue un vil engaño, porque se trató de un monólogo acerca de las consecuencias del abuso de sustancias desde el punto de vista médico-psiquiátrico, lo que me llevé de positivo salió de las inquietudes que anotaba uno de mis compañeros pero que nunca pudo preguntar por no existir el tan publicitado debate.

 “Usuarios vs. Adictos”, había apuntado.

Hoy, leyendo el libro The Tipping Point de Malcolm Gladwell me crucé con unos números que pueden sorprender a cualquiera:

El approach absolutista para pelear contra las drogas se basa en la premisa de que experimentación equivale a adicción. No queremos que nuestros niños sean expuestos jamás a la heroína o la marihuana o la cocaína, porque pensamos que el atractivo de estas sustancias es tan fuerte que incluso la mínima exposición es todo lo que se necesita. Pero, ¿conocemos las estadísticas de experimentación con drogas ilegales? En la Household Survey on Drug Abuse de 1996, el 1,1% de los encuestados dijeron que habían usado heroína al menos una vez. Pero sólo el 18% de ese 1,1% la había usado en el último año, y solo el 9% la había usado en el último mes. Ese no es el perfil de una droga particularmente pegadiza. Las cifras para la cocaína son incluso más llamativas: de aquellos que alguna vez probaron la cocaína, menos del 1% —0,9%— son usuarios regulares. Lo que estas estadísticas nos dicen es que la experimentación y el abuso son dos cosas totalmente distintas. […]

De hecho, la cantidad total de gente que parece haber probado cocaína al menos una vez nos dice que la necesidad entre los adolescentes de intentar cosas peligrosas es casi universal. Es lo que los adolescentes hacen. Así es como aprenden acerca del mundo, y la mayoría de las veces—99,1% de los casos con cocaína— esa experimentación no conduce a que suceda nada malo. […] Lo que deberíamos hacer, en vez de luchar contra la experimentación, es asegurarnos de que ésta no tenga consecuencias serias.

Gladwell, Malcolm: “The Tipping Point”. Capítulo 7, sección 6.

Volvamos a afirmar los dos argumentos liberales acerca de las drogas y la prohibición:

  1. Argumento moral: cada uno es dueño de su propio cuerpo para hacer lo que quiera con él, siempre y cuando no agreda a terceros ni a su propiedad.

  2. Argumento utilitarista: la prohibición, además de fallar totalmente en la lucha contra la drogadicción, es la que genera las mafias del narcotráfico, trayendo violencia e inseguridad.

Con lo cual, podemos concluir que la llamada “Guerra contra las drogas” es inmoral, inefectiva, costosa, y hace más daño que bien. ¿No tiene más sentido que, en lugar de criminalizar el consumo y la producción, se destinen esos recursos a tratar al pequeño sector de los usuarios que no puede manejar su adicción?

Addict

En algunos casos, la línea divisoria es muy delgada.

El Amor y la Noche en manos del Estado

Era una noche cualquiera en Buenos Aires. Caminaba por las calles de Palermo rumbo a un bar, para encontrarme con amigos en nuestra clásica salida de tragos y levante. A último minuto habíamos tenido que cambiar de punto de encuentro, porque la noche anterior la policía había clausurado el bar del que éramos habitués. Un joven había denunciado frente al INADI que se le había impedido ingresar al local por estar vistiendo indumentaria deportiva… ¡discriminación!

Por la vereda de enfrente una pareja venía peleándose. Era una escena cada vez más común: como las indemnizaciones por dejar a una persona después del período de 3 meses de prueba habían escalado hasta un nivel absurdo, no importaba qué tan insoportable resultara la vida juntos, ninguno se animaba a dar el primer paso hacia una separación. Otros, en cambio, tomábamos la ruta alternativa: una vida de promiscuidad y rehuirle al compromiso. Una suerte de “amor en negro”.

Liberty Beer

En 1984 tenían Victory Gin; acá tenemos Cerveza Liberty.

Entré al bar y me dirigí hacia la barra para pedir una cerveza. Error. Tendría que haber pedido una cerveza con alcohol. Siempre me olvido. Así como hace unos años suprimieron la sal en las mesas de los restaurantes para proteger a nuestra salud de nosotros mismos, ahora había que pedir explícitamente que nuestras bebidas alcohólicas tuvieran efectivamente alcohol.

En la otra punta de la barra, un grupo de anglosajones muy facheros trataba de ahogar sus frustraciones en gin tonic. Uno se acercó y me preguntó en un castellano rústico qué significaba “Nac&Pop”. Si bien es cierto que las argentinas siguen siendo las más lindas del mundo, nadie les explicó a estos pobres gringos que las políticas proteccionistas del país ahora también se estaban aplicando al rubro de las relaciones humanas. El lema de las últimas propagandas oficiales era “por cada argentina que se acuesta con un extranjero, hay un argentino que se va a dormir solo y triste”. Y evidentemente todos los grupos que habían encarado se habían dejado lavar el cerebro, y les decían que no “para proteger a la industria nacional”. En otra época lo normal habría sido indignarse y gritar “¡xenofobia!”, pero hoy por hoy a todos les parece bien.

Llegaron los chicos. Después de la obligada ronda de estupideces, inspeccionamos el campo de juego. La mesa con más actividad estaba presidida por un tipo de evidente clase alta: bien empilchado, reloj brillante, celular último modelo. Lo acompañaban varias femmes, y en la mesa había frapperas con champagne y vinos espumantes varios.

“Billetera mata galán” – me comenta Nico.

No por mucho más” – contesto preocupado.

Y probablemente fuera cierto. Los megalómanos dementes que habitan el Congreso y la Rosada estaban debatiendo un proyecto (¡presentado por la oposición!) que consistía en una especie de “subsidio al levante”: un voucher para que usen en salidas “de lujo moderado” aquellos que no tienen plata para impresionar chicas. ¡Ya no iba a hacer falta ser divertido, interesante, culto, tocar algún instrumento, jugar bien a la pelota, hacer trucos de magia, saber escuchar, y demás talentos!¡El Estado nos iba a dar a todos las mismas oportunidades! (sí, el mismo Estado que perseguía a los artistas callejeros, exigía licencia para hacer magia, clausuraba los lugares para música en vivo, no dejaba que importaran libros, y aplastaba tu capacidad creativa e intelectual con años de adoctrinamiento obligatorio… ¡quería que VOS tengas levante!). Nadie se puso a pensar que, como marca la evidencia histórica, la mayoría de los fondos destinados a ese plan iba a terminar financiando las salidas a todo trapo de punteros políticos y playboys amigos del poder.

Encaramos algunos grupos. En un momento casi me vi tras las rejas, cuando después de que un homosexual me tocara el culo le grité “¡¡qué hacés…. chabón!!”. Menos mal que reprimí la palabra con “p”, sino —INADI mediante— me habría ganado la expulsión del local (nunca pensé que me iba a salvar la noche un “puto” reprimido).

Lo ideal últimamente era que no te encariñaras demasiado con nadie en particular, porque la llamada del día después se había convertido en una lotería: con un sistema similar al impuesto a las ganancias, si habías cosechado algunos números de teléfono, estos eran socializados para repartir entre los menos afortunados. Y si justo desaparecía el que más querías conservar… mala suerte. Esto lo pudieron hacer gracias a la digitalización: argumentando “protección del medio ambiente” prácticamente desapareció la producción de papel, con lo cual la única forma de agendar un contacto es a través de tu celular personalizado e intransferible (junto con la producción de papel, claro está, desaparecieron la libertad de expresión y la privacidad).

Traté de despejar mi cabeza y decidí redoblar mis esfuerzos para concretar algo hoy, ya que mañana no tenía la noche disponible para mí; tenía una cita a punta de pistola con Dios-sabe-quién. El gobierno había lanzado hace unos meses el plan “Solos y Solas”, en donde todos recibíamos caridad romántica compulsiva. Una de cada siete noches de mi semana era administrada por el Estado, que decidía Dios-sabe-cómo quién era nuestra cita idónea para esa semana. “Cruzan bases de datos”, decían algunos; “tienen un grupo de gitanas-brujas-burócratas que tiran la posta“, teorizaban otros. Nadie parecía sorprenderse del hecho de que a las que administraban el sistema siempre les tocaba salir con el galán que gozaba de sus 15 minutos de fama en la tele o el teatro, o a los funcionarios con la modelo top de la semana.

El hecho era que, pese a que muchos nos opusimos porque pensábamos que eramos capaces de hacer nuestra gestión de citas nosotros mismos mucho mejor que un burócrata, la ley se aprobó, y era salir con la persona asignada o ir en cana por incumplimiento del deber civil. El argumento de los socialistas fue:

Caridad romántica compulsiva

Dos medias naranjas violentadas por el Estado

“¿Y qué pasa si llegás a los 40 y no conociste a la persona adecuada?¿quién se va a hacer cargo de que estés solo y no te quiera nadie?¿También me vas a decir que podés gestionar tu propia jubilación mejor que el Estado? Ja, ja, ¡contate una de pistoleros!”

Imposible explicarles que si esas noches me hubiesen dejado salir con quien yo quería, habría tenido más chances de encontrar a la persona ideal para mí, si es que existe. Y sinó, ¿quién me quitaba lo bailado?

Evidentemente, el Estado podía quitarme lo bailado.

El DJ se pasó un poco con el ritmo, provocando primero que un joven lo marcara con el pie, y luego que una señorita empezara a mover las caderas. Error fatal. Además de que la canción no estaba aprobada en la Playlist Oficial Año 2025, el bar contaba con habilitación “local tipo C – no bailable”. Un inspector infiltrado de civil vio toda la escena y procedió a la clausura, dejándonos a nosotros de patitas en la calle y al dueño del bar con un agujero en su economía.

Finalmente habíamos alcanzado esa panacea que prometían las palabras del Duce: “Todo dentro del Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado”. Música para los oídos de las masas.

Volviendo a casa, me shockeó el último cable de Télam proyectado en la telepantalla del colectivo: el Congreso estaba por aprobar una ley importantísima ¿El nombre? Proyecto Prima Nocte.

Proyecto Prima Noctes

Así se habría visto si hubiese papel

No culpes a la noche, tampoco a la bengala

[Publicado originalmente en La Crisis es Filosófica - 10 de mayo de 2011 - Ver versión original]

Seguramente luego de ver a la barra de carbón sobre el asiento de la limousine pensaste que era una exageración. Sin embargo, a juzgar por la prohibición del uso de armas, los impuestos internos a los cigarrillos, la prohibición de fumar en espacios públicos, las trabas a la venta de alcohol y la guerra contra las drogas, la exageración parece la realidad en que vivimos más que el dibujo animado.

Y es esto lo que me hace pensar que en cuestión de días, lloverán en el Congreso proyectos de ley que busquen regular, controlar, gravar con impuestos ad-hoc o directamente prohibir el uso de bengalas.

Volvamos al inicio. Lo que sucede en el capítulo de la serie emblemática de los últimos cincuenta años en los Estados Unidos, es que se confunde el sujeto con el objeto. ¿Qué quiero decir con esto? Que si bien fue Homero el que salvó la misión espacial, el crédito se lo llevó la “inanimada barra de carbón”.

De manera análoga, si bien es una persona la que dispara el arma asesina en ocasión de un robo, u otra persona la que fuma paco antes de participar del secuestro extorsivo de otro ciudadano, parte de la culpa suele atribuírsele a la sustancia o al elemento utilizado, en lugar de que ésta recaiga totalmente en el individuo actor. Por supuesto que buscamos al asesino o al secuestrador, para eso está la policía, pero creemos que es mejor si prohibimos también el uso de armas y la comercialización del crack. Estamos más seguros.

Hace siete años, Buenos Aires vivió uno de sus más tristes fines de año. Alguien prendió una bengala en el lugar que no debía y esto desencadenó una tragedia que será difícilmente olvidada. A raíz de esto, y más allá de todo el proceso judicial siguiente, aprendimos que prender una bengala en un espacio reducido y con un techo inflamable no es para nada una buena idea. Mucho menos si las salidas de emergencia no funcionan.

Hace pocos días, otra bengala y otro recital de rock fueron los protagonistas de un nuevo drama. Un espectador murió luego de que otro le arrojara una bengala encima. Y para completar la semana, el martes en un acto escolar en San Juan, una bengala casi origina una tragedia entre los alumnos.

Entonces ahora ya lo sabemos: las bengalas son peligrosas y, de hecho, pueden llegar a matar. ¿Pero implica esto que debemos prohibir su uso o regular su comercialización? ¿O implica que debemos perseguir a los que, mediante un uso indebido de las mismas, pongan en peligro la vida de gente inocente?

Una vez un amigo mío se emborrachó y comenzó a molestar a todos los que estaban a su alrededor en un boliche. Se imaginarán cuál fue el desenlace. Luego de esa noche, cuando tuvimos la oportunidad de charlar, él sostenía que su problema había sido que había tomado de más. Sin embargo, yo le apunté que dentro del mismo boliche, un montón de gente había “tomado de más” y no estaban peleándose con nadie, simplemente la estaba pasando bien.

Confundir objeto con sujeto y perseguir al primero en lugar de al segundo es perjudicial por dos cuestiones fundamentales: la primera es que el problema no se resuelve porque el problema nunca fue el objeto sino el sujeto. Si un asesino no puede comprar una pistola, probablemente use un cuchillo, o un palo, o un martillo.

La segunda, que creo aún más trascendente, es que le quita parte de la responsabilidad al actor. La culpa no será ya de quien le tiró la bengala en la cara al otro porque le pareció divertido, sino que compartirá la responsabilidad con el que le vendió el artefacto.

No tengo la certeza de que alguien vaya a querer regular este tema, pero sí advierto que sería muy triste si seguimos avanzando en esa dirección.

La guerra contra la felicidad

Cuando era un niño y me alcanzaban las dos manos para señalar mi edad tenía ciertos momentos de alegría y felicidad que eran inigualables, uno de ellos (quizás hoy el mas insignificante de todos) era la sonrisa que me producía que mamá me llevara a comprar la Cajita Feliz, nunca sabía primero si abrir el juguete, comer las papas, o la hamburguesa (igual ahora creo que estoy confundiendo recuerdos de mi infancia con una publicidad de hace poco).  Hoy, recién llegado

Víctima de los burócratas

del patio de comidas shopping, pude confirmar que a pesar de los años la Cajita Feliz sigue siendo una fuente de felicidad momentánea en los chicos.  En especial  para aquellos que los padres se rompen laburando  toda la semana para llevarlos a comer afuera el viernes a la noche para comprarles la Cajita Feliz que trae la hamburguesa (o los nuggets), las papas y, por supuesto, el juguete. Un juguete que representa mucho para esos chicos que, tal vez, sea el único muñeco nuevo que van a tener en todo el mes.

Toda esta introducción sentimental es necesaria para poner en contexto el próximo Proyecto de Ley que podría ser tratado en la Legislatura porteña, porque ahora los legisladores están copiando la ley que se aprobó en  San Francisco a principios de año que es la prohibición de la Cajita Feliz, o más precisamente, incluir juguetes en las comidas que el legislador considera insalubres.  Lo que se dice una verdadera guerra contra la felicidad. Veamos los argumentos de Juan Cabandié, el impulsor de esta ley:

[e]l presidente del bloque K en la Legislatura porteña, Juan Cabandié, presentó un proyecto de ley para que se prohíba “la venta de menúes que estén acompañados de objetos de incentivo para consumo en todos los establecimientos expendedores de alimentos y bebidas de la Ciudad”. La iniciativa propone una opción para que los locales de comidas rápidas puedan seguir incluyendo en sus menúes infantiles juguetes: que los mismos contengan frutas y/o verduras, o que los alimentos que lo conformen no supere el nivel calórico recomendado por los expertos en nutrición.

Volvamos a la realidad, es verdad que a pesar de la felicidad que le trae la cajita feliz a los chicos, y por ende a sus padres, ésta no constituye el componente de una dieta saludable. Sin embargo, existen varios motivos para oponerse a esta medida.

En primer lugar, Juan Cabandié pretende que el estado tome el lugar de los padres, o que funcione como una niñera, decidiendo en lugar de los que padres cómo deben alimentar a sus hijos, una función que sin dudas no le pertenece al gobierno si no a sus padres. Es decir, debemos respetar la libertad de elección de los padres, que ellos sean los que decidan sobre como alimentar a sus hijos, no Cabandié, ni cualquier otro legislador ansioso de anunciar su apoyo a la propuesta.

En segundo lugar, es una intromisión más en la actividad privada. Se le esta imponiendo a McDonald’s que productos puede vender  y cuales no, siendo que la empresa no fuerza ni engaña a nadie para que compren la Cajita Feliz. Nadie le está diciendo que se trata de una ensalada de lechuga y tomate.

Por último, este es otro paso mas en la pendiente resbaladiza del paternalismo estatal. La prohibición de la Cajita Feliz, la cual determinó Cabandié que es insalubre para todos, no es la primer medida donde el estado se quiere convertir en la niñera, o nutricionista, de todos. Antes de eso, McDonald’s tuvo que poner la información nutricional de sus productos en una de las carillas de los papeles que van sobre todas las bandejas, y anteriormente, el gobierno a nivel general, se introdujo en el tema alimenticio con el Código Nacional Alimentario, que nos dice que podemos y que no podemos comer. Hace apenas unos meses habían prohibido la publicidad de estos productos.¿Cuál es el límite? ¿Tiene algún freno la pendiente resbaladiza (slippery slope) desde un estado liberal y democrático (tal como lo señala la Constitución Nacional) a un estado fascista y paternalista? Espermos que si.

Nada sorprende de los políticos, la mayoría sufre de algún sindrome de grandeza creyendo que pueden manejar las vidas de los demás,  lo hacen todo el tiempo, y está vez hacen 2 x 1, les dicen a las empresas como tienen que vender sus productos.

De acá me voy corriendo a avisarle a mi primita de 6 años, que cuando tenga alguna duda, el gobierno se va a preocupar más por ella que sus padres.

 

Todas las drogas, todas

Dejando de un lado un poco temas económicos que viene siendo una constante las últimas semanas, me gustaría realizar algunos comentarios acerca de dos de las objeciones que más escuché contra la legalización de drogas. Muchas de estos cuestionamientos surgen de confusiones frente a la posición de legalizarlas y otras a razones mas relacionados con falsas ideas que se hace la gente ante el escenario de un mercado de drogas liberalizado.

Estos son dos de los argumentos más escuchados:

1. Solo las drogas blandas. Existen los que están parcialmente de acuerdo con la legalización de algunas drogas, algo que en una primera mirada puede parecer sensato, ya que una droga como la marihuana parece ser menos dañina que la heroína y el costo social de legalizar esta última sería muy alto. Frente a esto se puede abordar el tema desde dos puntos de vista, uno relacionado con los derechos  individuales y el otro desde un aspecto mas utilitario.
En cuanto al primero, se trata del básico principio de autopropiedad, o propiedad de uno mismo, que es el derecho base de la filosofía de la libertad. Si somos dueños de nuestros propios cuerpos, no solo somos responsables de nuestras acciones, si no que también tenemos la libertad de utilizarlo de cualquier manera pacífica, es decir nadie tiene derecho a dirigir tu plan de vida, de lo contrario renunciamos a nuestra independencia individual y quedamos a merced de autorizaciones y permisos de un grupo de iluminados. Por lo tanto, desde un punto de vista basado en los derechos de cada uno, podemos decir que se trata de la opción de consumir la sustancia que cada uno considere, y no de que sustancia poder consumir. Ya sean cigarrillos light, comunes o negros. Coca-Cola, Pepsi o guaraná. vino, cerveza o vodka. Marihuana, cocaína o heroína.

Por el otro lado, además de nuestro derecho a las drogas, desde el punto de vista utilitario, defendemos la legalización de las drogas porque se ha demostrado que la prohibición ha generado un daño enorme, y los beneficios provenientes de la misma son nulos o casi. Sobre el tema en sí escribimos acá y acá, y también recomendamos este video de Huerta de Soto que trata acerca de los beneficios que traería la prohibición en cuestiones de salud y de lucha contra el crimen organizado.

El punto está en que muchos entienden estas ventajas y las aplican correctamente al escenario de la legalización de la marihuana o las drogas blandas, en general y al mismo tiempo se olvidan de que esos beneficios son extrapolables al resto de las sustancias por una simple razón: las leyes económicas que explican el beneficio de legalizar la marihuana son aplicables al resto de las drogas, y lo mismo sucede a la inversa en el caso de la prohibición los efectos de la prohibición en las drogas, serán los mismos que los que sucedan si la prohibición es de cigarrillos, gaseosas, alcohol o vasos de cristal.

2. Son ideas radicales. Otro grupo de personas coinciden a grandes rasgos con que todas las drogas deben ser liberalizadas por alguno de los dos argumentos analizados en el punto anterior, sin embargo sus dudas nacen al momento de determinar el modo en que se implementaría una liberalización de todas  las drogas,  puntualmente alegan que sería perjudicial que de un día para otro se legalizaran todas las drogas.

Los que se oponen a la legalización repentina pierden de vista que las ideas deben aplicarse en una sociedad concreta, y solo podrán ser aplicadas cuando la sociedad se considere preparada para hacerlo, por lo que hoy en día, la legalización de todas las drogas lo veo dificil, sin embargo esto no quita que sin oponerse a un proceso gradual, el norte debe  estar puesto en la liberalización de absolutamente todas las sustancias, se trata de una cuestión meramente estratégica. No obstante, la legalización de un dia para otro de todas las drogas no me causa ningún temor por el simple hecho de que hoy en día el que quiere consumir puede hacerlo sin ningún problema debido al fracaso de la prohibición, por lo que de derogarse ésta los individuos que quieran consumir sustancias antes ilegales, lo podrán seguir haciendo, está vez comprándoles a comerciantes honestos (y no narcotraficantes estafadores) y aquellos interesados en combatir el flagelo de las drogas podrán hacerlo de manera pacífica informando acerca de los efectos perjudiciales que tienen muchas de ellas, lo que antes se negaba casi por completo porque la prohibición escondía un problema que estaba a la vista de todos.

En conclusión muchos de los miedos frente a este tema surgen de algunas concepciones erróneas sobre lo que implica la liberalización y sus efectos. La experiencia de Portugal fue parcialmente exitosa, a mi modo de ver, las despenalizaciones tímidas que liberan de costos la demanda de drogas (el consumo) pero que mantienen en el mercado negro todo el proceso de producción y comercialización constituyen un remedio peor que la enfermedad, esto no quiere decir que me oponga a una despenalización del consumo, pero para poder apreciar los beneficios de la legalización ésta debe ser total.

A propósito de este tema este sábado es la Marcha Mundial de la Marihuana, y es un primer paso para comenzar a exigir que se respeten nuestros derechos como individuos.

El peligro de la marihuana

El domingo se publicó en La Nación, un artículo sobre el uso de marihuana y otras y drogas entre la población local. Bastante objetivo, la mayor parte del artículo fue dedicado a las estadísticas:

Esa [Observatorio de Políticas Públicas en Adicciones] oficina del gobierno porteño realizó un sondeo entre 1000 personas de entre 15 y 35 años; para el 44% de los consultados, la marihuana es la droga del momento, incluso en los lugares de diversión nocturna.

“La moda se identifica por el costo y accesibilidad de las drogas; también, por su uso difundido y su alto nivel de aceptación social. Sorprendentemente, cuando se hace referencia al consumo de marihuana, se dice que es la droga de moda porque es legal”, se afirmó en el documento presentado por el observatorio porteño.

El artículo, afortunadamente, deja de lado cualquier tipo de alarmismo típico de este tipo de notas en la tribuna de doctrina, sin embargo en la población en general, y en los lectores del diario de Mitre en particular, suelen alarmarse por el peligro que está expuesto gran parte de la juventud, consumidora de drogas.

Y tienen razón, consumidores (sean adictos, habituales o sociales) están expuestos a severos peligros al consumir drogas, pero no por el consumo mismo, el peligro más grande al que hoy en día están expuestos los jóvenes son derivados de la prohibición. La clandestinidad del mercado de las drogas  genera que información a la que estamos habituados de obtener en los productos legales sea difícil de obtener y se este mas desprotegido frente a diversas situaciones, principalmente respecto de dos características:

1. Calidad. Los narcotraficantes carecen de una marca, de una estructura empresarial, o de una sucursal o un telefono al cual acudir ante alguna duda o inconveniente, esto genera un gran desincentivo a la hora de establecer una reputación o prestigio para con los clientes. Si Coca-Cola, Pepsi o Halls ofrecieran productos adulterados perderían millones de clientes e indefectiblemente quebrarían por la responsabilidad que tienen frente a los daños cometidos por su negligencia, en cambio, los productores y distribuidores de drogas no padecen de estos problemas y en consecuencia la sustancia es adulterada con otras sustancias mas baratas y nocivas que la que uno cree estar contando.

Casos: La gran mayoría de las muertes por consumo de éxtasis no se dan por la sustancia propiamente dicha (MDMA), sino por las adulteraciones, realizadas desde fábrica, con otras sustancias como DXM, o la falta de responsabilidad de los usuarios (deshidratación o sobrehidratación) o mezclas con otras drogas.

2. Dosis. Relacionado con el punto anterior, la inexistencia de un mercado libre no genera los incentivos adecuados para que se de una estandarización en la presentación de las diferentes sustancias para poder tener una noción acerca de la dosis que se está ingiriendo, de ahí a que el riesgo de sobredosis aumente exponencialmente con políticas prohibicionistas. El mercado ha encontrado las presentaciones adecuadas para cada producto, botellas de  1.5 L (y no de 3 como en otros países), aspirinas con el contenido especificado, pack de caramelos o chiles de 6 unidades, sin embargo en 1 gramo de cocaína, o una pastilla de éxtasis, nadie puede determinar su contenido o la potencia, porque, como decíamos antes, no existe incentivo (ni mecanismo) alguno para brindar mas información en el mercado negro.

Estos son dos de los muchos efectos negativos (<